50 sombras de Pep. Por @DonPepGuartrola

Durante muchos años he llevado una doble vida, una vida donde mi rigor profesional, mi excelente educación inculcada en aquel pequeñito país de ahí arriba donde aprendí que el trabajo duro, la constancia, el sufrimiento y el compañerismo imperaban si querías cosechar el éxito, pero fue ese mismo compañerismo el que me llevó a conocer a mi mentor, a mi amo y señor que lo cambió todo, Johan Cruyff.

Cerca de veinte años más tarde era yo el entrenador, debía seguir con el legado que Johan me enseñó, nada debía caer en saco roto, pero... ¿Quién? Esa pregunta quedaría saldada el día que Chavi Hernández se acercó a mi, le miré atentamente y acto seguido dijo:

- "Míster, el céspeT está alto y seco, no podemos jugar así".

En ese momento mi corazón dio un vuelco. Un adinerado triunfador, como era yo, con una humilde flota de coches de 120.000 euros la pieza, con un helicóptero a mi disposición para ver el mundo a mis pies, se quedaba prendado por las palabras de aquel chico con un cenicero como peinado.

Poco a poco la relación fue pasando nivel por nivel,  la complicidad entre nosotros iba en aumento, yo me encontraba preparado para enseñarle el cuarto de la pepsesión, un cuarto donde el seny catalá y el adn barça existían. Le hice firmar un acuerdo de confidencialidad antes de entrar, en el que había varias claúsulas: "no reconocerás nunca que el contrario fue mejor", "si pierdes échale la culpa al céspeT", "jamás firmarás por un equipo de Mourinho", "antes que dar un pelotazo te cortas la pierna"... Chavi accedió abriéndose ante mí un nuevo mundo, un mundo en el que yo como amo y señor enseñaría a mi sumiso lacayo los secretos del fúpbol de Johan Cruyff.

La habitación de las sombras.

En el cuarto de la pepsesión yo era el que mandaba. Chavi me recibiría sobre un cèspeT bien corto y húmedo, aunque no sabía lo que le esperaba. En la primera sesión le hice acomodarse en un asiento, le dejé que diera toques con un balón hasta que tuviera un 85% de pepsesión del mismo mientras le iba atando. Cuando se encontraba totalmente amarrado al asiento le retiré el balón, encendí un proyector y en una pantalla empezaron a salir imágenes del Chelsea de Mourinho, imágenes en las que se desplazaba el balón de un área a otra por el aire sin tocar el céspeT en ningún momento. Verle palidecer de esa manera, revolviéndose en su asiento, producía en mí un enorme placer que se vió incrementado cuando le puse imágenes mías jugando al patadón con la Espanya de Clemente. Su cara era un poema, no podía creer que yo hubiera hecho eso, pero antes de que pudiera hablar le propiné un pisotón como los de Pepe a Messi. Aquella noche Chavi Hernández quedó exhausto e incluso durante unos días se negó a realizar una segunda sesión

Xavi-cespeT1

Fuente: MemeDeportes

En los entrenamientos se notaba el terrible dolor que Chavi experimentaba. No le culpo, toda su educación giraba en torno a un balón que era el que dominaba la situación y no al revés. Finalmente, en un partido apretado contra el MadriT apareció su yo oculto. Tras una presión asfixiante de los chicos de Mou, y para perder tiempo, pegó un pelotazo doce kilómetros más adelante. Durante un tiempo quedó abrumado por lo que acababa de hacer, pero no había vuelta de hoja, aquella noche volveríamos a vernos en la habitación de la pepsesión.

Chavi me recibió en un céspeT  largo y seco, aquella noche comprobaría de que estaba hecho. Al ver el estado del céspet le castigué duramente, le até a la silla y le puse setecientas veces el gol de Khedira en el 0 a 1 en el Camp Nou en la liga de los 100 puntos. Sus ojos estaban a punto de estallar, pero eso era el inicio de todo. Mientras tanto, mi excitación iba en aumento. El siguiente paso fue sacar las palabras de Piqué criticando los fichajes del MadriT y en una pantalla irían apareciendo una serie de cifras:

Chipifrinsky: 25 millones. Cáceres: 16,6 millones. Alexander Hleb: 15 millones. Henrique, Keirrison... así hasta llegar a los 45 kilos más Eto'o por Ibra. Un Samuel Eto'o que después ganaría la Champions con el Inter mientras una foto suya abrazado con Mou se iba haciendo cada vez más pequeña en la pantalla. Chavi mientras tanto se retorcía de dolor ante mi mirada totalmente embriagada de pasión ante tal hecho. Por último, le amarré a un potro en el que quedaba totalmente indefenso ante mí, coloqué un balón y a punterón le fui propinando pelotazos con la condición de que pararía cuando reconociese que el rival había sido mejor. No sé si lo que le hacia gritar de dolor era el ruido de la uña incrustada en el balón o el hecho de reconocer que alguien había sido mejor que él, pero pasadas unas dos horas se desmayó soltando una breve frase: "Fueron mejores".

Continuará...

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