Cuesta abajo y sin frenos. Por @JorgePlatero97

 <<Váyase, señor González, váyase>> repetía constantemente José María Aznar para que Felipe González dejase de ser presidente de Gobierno. Pues no sé si de repetirlo tantas veces o ya por aburrimiento, en las elecciones, la población decidió que Felipe González dejara de ser presidente de Gobierno. Desde aquí yo inicio mi campaña particular: <<Váyase, señor Ancelotti, váyase>>

Era martes de Champions, y en el Bernabéu eso se notaba. Todos esperábamos que el equipo, ante un rival limitado, mostrara una mejor cara que contra el Athletic y pasáramos a cuartos de final como si estuviésemos dando un paseo junto algún jubilado. Pero acabaríamos sorprendiéndonos más que al saber las dos candidatas del PP para Madrid. El Schalke, aquel equipo que va a veintitrés puntos del líder de su Liga, pintó la cara al Madrid desde el minuto uno.

El equipo volvió a demostrar las carencias que lleva arrastrando desde el mes de noviembre del año pasado, y no sólo el equipo sino también el entrenador que ratificó por enésima vez que es más inútil que Cristina Pedroche cocinando.

Algún alma esperanzadora creía que el Madrid, tras 2 partidos pinchando y tirar el liderato por el retrete, volvería a mostrar su mejor versión y haría bailar a los alemanes como Shakira a los oyentes con sus canciones veraniegas. Pero esta sensación ya se truncaba un poco al ver la alineación que sacaba Ancelotti. Era el partido perfecto para dar minutos a los jugadores que necesitan continuidad, como Illarramendi o Lucas Silva, y dar descanso a aquellos jugadores que lo han jugado todo, que veas el partido que veas siempre están ahí al igual que Jorge Javier Vázquez en la televisión.

La alineación aún escondía más misterios, como la presencia de Khedira, aquel jugador con menos implicación en el Madrid que en su entonces la que tuvo Drenthe. El alemán hizo un partido nefasto, salió a pasearse al campo como hacía Heidi en los Alpes. A sabiendas de la enorme desidia del alemán, Ancelotti confía en él antes que en Illarramendi o en Lucas Silva.

 El partido empezó, y mientras la afición del Schalke se hacía notar más que la grada de Florentino, el público ya había notado que no iba a ser una buena noche. Los minutos, los errores y los goles iban sucediendo, y yo veía una gran debilidad del Madrid que aunque resulte extraño admitir, Ancelotti no ha captado. El Madrid añora a un mediocentro defensivo como Xabi Alonso tanto como Víctor Sándoval a Nacho Polo. Al Madrid le pasa con Xabi Alonso lo mismo que a Cristiano con Irina Shayk, que por mucho que intente olvidarla no puede.

 Por mucho que se empeñe el señor italiano, Kroos no puede jugar en la posición en la que jugaba el tolosarra, se ve superado constantemente. Esto tiene constancia en numerosos goles encajados por el Madrid a lo largo de esta temporada. Conociendo este mal que nos hace sufrir casi tanto como un dolor de muelas, Ancelotti decide de prescindir de tener a un verdadero mediocentro defensivo aun teniendo a dos jugadores que verdaderamente lo son. Todos sabemos que Illarra o Lucas Silva no son Xabi Alonso o Pogba, pero como bien dice el refranero español: “A falta de pan, buenas son tortas” Y además poniendo alguno de estos dos en la posición en la que juega ahora Kroos, ganaríamos el doble. El alemán pasaría a jugar un poco más arriba, donde crea muchísimo más peligro y es mucho más eficaz.

Ante el partido inocuo del Madrid, el único que hacía daño a la defensa y al portero del Schalke era Cristiano Ronaldo. Aunque ni mucho menos pasa por su mejor etapa, y está sufriendo por amor tal y como hacía Alex Ubago en sus canciones, el portugués dio la cara y fue uno de los pocos que puso carácter al encuentro.

El Bernabéu sentenció al equipo, que va de mal en peor, empeorando su imagen como la de Pocholo cada vez que sale de fiesta. Fueron varios los sentenciados: Casillas, el más destacado, por su bochornoso partido en el que parecía que le habían amputado los brazos; Ancelotti, por su inoperancia y falta de ideas; y Bale, el galés no está en su mejor nivel pero en gran parte por culpa de no jugar en la posición donde se siente más cómodo.

Esta sentencia del Bernabéu podría pasar a ser firme el 22 de marzo, y no por el público, sino por la directiva. Una derrota significaría perder prácticamente la Liga, y hacer que las burlas iniciadas desde can Barça tras el ridículo contra el Schalke se intensifiquen. Hoy mismo Neymar ya se mofaba del Madrid, haciendo gala del Fofito que lleva dentro, diciendo que faltó muy poco para que nos eliminasen.

Pero mucho más dura ha sido la prensa de Barcelona que parece que se ha olvidado que hace unas semanas eran ellos los que se encontraban al borde de la hecatombe. Ahora somos los madridistas de a pie los que tenemos que aguantar estas mofas por parte de esta gente, gracias a algunos jugadores que les importa una mierda el Madrid y sus aficionados.

Diez días tiene Ancelotti y su infinito cuerpo técnico, curiosamente con numerosos familiares italianos (no quiero ser mal pensado), para recuperar a este equipo hundido, que va de culo y contra el viento. Cada partido que pasa, Ancelotti se va pareciendo más a Queiroz: con su odio a las rotaciones, su enorme permisividad, su juego inexistente y con su peinado prácticamente idéntico.

La situación catastrófica del Madrid ha hecho que algunos madridistas se acuerden de Mourinho, tal y como se ha podido ver en el reportaje de Nacho Peña en la puerta 55 del Bernabéu. Esto me hace recordar a la frase que dijo Mourinho cuando el Bernabéu se le echó encima: “Algún día los que me pitan, estarán tristes” Te caiga bien o no, le hayas criticado o no; debes de reconocer que en esta frase tiene más razón que un santo. Poco a poco algunos madridistas se han ido dado cuenta de la gran labor que hizo el de Setúbal en el Madrid, y deploran la mano dura del portugués. Esa firmeza a la hora de controlar a la plantilla, y esa gran virtud de poder cambiar el juego del equipo en tan solo una charla.

Mourinho ya no está, pero está bien que se reconozca su labor en el club. Esta es la gran diferencia de entre tener a un entrenador y no tenerlo. Yo creo que hay que ir buscando uno, y aunque no todos sean iguales de buenos que Mourinho, que al menos sepa algo de táctica y manejar a la plantilla, y no sea la plantilla quien maneje al técnico.

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