D. Vito y los pelotas. Por @ErZuru2000

[Foto: abc.es]

Con la venia.

Ojo al dato que he investigado. Hacer la pelota. La expresión, al parecer, viene de un anglicismo que entró en España en la Edad Media. Pelota era el apelativo que recibía la querida del pelote o rufián, el chulo que la explotaba y vivía de ella. El pelote exigía a sus chicas que adularan, loaran, halagaran y sobaran a los clientes que pagaban por sus favores cada vez que tenían un apretón. La finalidad, obviamente, era que repitieran aunque los tipos fueran unos gañanes con denominación de origen. De ahí lo de hacer la pelota.

Hay otra corriente que sitúa el origen de la expresión “hacer la pelota” en un ambiente radicalmente diferente. O  no. Al parecer, los nobles que jugaban con Fernando VII al villar recibían el cariñoso apelativo de pelotas porque le dejaban las bolas (pelotas) en inmejorables condiciones para que el rey hiciera las carambolas que apetecieran a su regio níspero.

No soy experto en el tema. No sabría decirles cuál de las dos versiones es la buena, pero con independencia del origen de la expresión, lo que no varía es su significado. No obstante, yo haría un par de matizaciones. No es aventurado suponer que las chicas del pelote, caso no de atender a los requerimientos del chulo, tuvieran amenazada su integridad física seriamente. Menos justificable sería la actitud de los pelotas cortesanos jugando al villar con el felón. No obstante, caso de ser ciertas las cosas que se cuentan del rey, tampoco habría que descartar el miedo como justificante. Sea como fuere, más o menos justificadamente, podríamos admitir al miedo como un poderoso motor que mueve al ser humano a hacer la rosca o pelota.

No es muy edificante, ya lo sabemos. No es lo más digno, cierto, pero tengo para mí que todos llevamos dentro un pelota que seríamos muy capaces de sacar a la superficie en determinadas circunstancias. Que esté en peligro el plato de garbanzos, a llevar a tu casa para tu prole, podría ser una de ellas. Fuera de este tipo de situaciones, estimo que la mayoría de las personas humanas que campeamos por la faz de la tierra no estamos dispuestos a humillarnos de cualquier manera, salvo que uno sea un pelota vocacional en cuyo caso estamos hablando de otras especie de ser vivo diferente del ser humano.

Sin embargo, mi teoría de que solo en circunstancias muy excepcionales y apretado por la necesidad el ser humano es capaz de arrastrarse como una babosa, es errónea. Les presento el siguiente caso que, seguramente, todos ustedes conocerán. No me canso de leerlo. Por un lado, me da mucha vergüenza ajena, pero por otro lado pienso de mí mismo que sería incapaz de caer tan bajo (tal vez, ilusamente) lo cual me eleva enormemente la autoestima. Sea pues.

Y decían así:

Querido Victoriano:

No queremos hacer un escrito de agradecimiento sino de reconocimiento y apoyo a tu trabajo, un trabajo que llevas realizando durante muchos años consiguiendo algo que siempre será tu sello, crear un grupo unido y sin fisuras con una cabeza visible que eres tú.

 

Ante los ataques que estás recibiendo a través de los medios de comunicación y de forma directa por algunos que quieren menoscabar tu trabajo, romper nuestra unidad y desprestigiar el arbitraje, queremos decirte algo. Queremos decirte de manera colectiva lo que TODOS pensamos individualmente:

 

Presidente, estamos contigo. Estamos orgullosos de tu trabajo, de cómo diriges al colectivo arbitral y de cómo nos tratas a todos y cada uno de nosotros. Has llevado el arbitraje hasta un nivel al que cuando tomaste tú el mando ni se sospechaba que pudiera ser alcanzado. El listón está muy alto y sigue creciendo gracias a ti. En lo humano siempre tienes una palabra cariñosa, de comprensión o, por qué no decirlo, una bronca si hace falta. Es decir, estás ahí cuando te necesitamos, por eso nosotros queremos corresponder con nuestro cariño y apoyo. Presi, que nada ni nadie te desanime. Estamos más unidos que nunca y queremos que sigas haciendo tu trabajo como siempre has hecho, día a día, con seriedad y con discreción.

 

Sabemos que estamos en un momento difícil para todos y, como ya dijimos en el mes de julio, las dificultades se superan trabajando y estando juntos. Créenos, nosotros lo estamos, contigo siempre a la cabeza.

 

Victoriano, TE QUEREMOS.

El anterior ejercicio de magreo fue perpetrado por los Álbitros Españoles de Fúrbol. El destinatario: Victoriano. Dado que todos los pelotas abajofirmantes son señores con una profesión estable (alguna de ellas exitosa), descarto la teoría de la urgente necesidad como justificación del ejercicio de lameculismo hacia el orondo D. Vito en forma de comunicado oficial. Al margen de la vergüenza ajena que provoca, el peloteo publicado dice alguna verdad y cuenta una mentira del tamaño del caballo de un picaor.

Verdad 1. La unión álbitral. Seguramente están todos muy unidos en torno a la figura del orondo sátrapa. No me extraña a la vista de las puntuaciones que les da al final de cada temporada. Si las notas puestas están escaladas al modo tradicional, es decir, de cero a diez, el ejercicio de adulación y lamida de suela, adquiere todo el sentido. En la temporada pasada, el mejor de todos ellos, fue un pelirrojo canario que se tragó un gol que había entrado un metro en la portería y tuvo el arrojo de pitar el penalti más absurdo que ustedes hayan podido ver nunca jamás. El autopenalti de Alba. Y todo ello mientras se jugaba la liga.

Diecisiete de los veinte álbitros, sacan una nota superior a un nueve. Los dos últimos de esta lista de listos, obtienen de nota un 8.85 y un 8.60, respectivamente. A ambos los bajaron de categoría. Las notas de los álbitros de fúrbol son como las notas de selectividad pero a lo bestia.

Verdad 2. Quieren mucho a Victoriano. No me cabe ninguna duda. Otra cosa a discutir serían los motivos por los que le quieren tanto. Puede que haya doscientos mil motivos de media por cabeza para quererle. De hecho, el comunicado peloteador se podría resumir en las dos primeras palabras y en las dos últimas. Es decir: Querido Victoriano, TE QUEREMOS. Cuatro palabras, síntesis y esencia del lametazo. Con esas cuatro palabras hubiera bastado.

Seguramente se habrán dado cuenta de que las dos últimas palabras del baboseo infecto aparecen resaltadas en mayúsculas. Así, tal cual y para que no quepan dudas, a grito pelao.  

Quieren mucho a D. Vito, el gordo. Hay motivos para quererle o para aparentarlo. El temor a perder una bicoca que, a lo mejor, ni en sus mejores sueños podrían haber tenido. Una pequeña disparidad de criterios y fulminado. El gordo maneja. El asunto debería ser contra natura. Dice, D. Vito, ser el representante de los álbitros, pero ellos no lo han elegido, lo cual es una manera muy curiosa de ejercer la representación. Así pues dado que su puesto no depende de ellos, D. Vito hace de los álbitros lo que le sale de cojones. Selecciona, quita, pone, asciende, desciende, fumiga y expulsa a su antojo. Después de la criba de D. Vito, suele quedar un colectivo muy exclusivo que, evidentemente, no tiene por qué coincidir con el talento, la honestidad e imparcialidad. Más bien, diría yo, nunca coincide. De ahí los engendros que vemos cada fin de semana o las extrañas series históricas de datos sonrojantes. Del “yo te asciendo” al “te queremos Victoriano”, solo va un pequeño trecho.

Así pues, D. Vito, nada tiene nada que temer de ellos. Haga lo que haga con el colectivo de pelotas, a él nada le pasará. El gordo solo ha de cuidar por los intereses del que le ha puesto ahí, el sátrapa mayor y presunto delincuente. Ése es el único que le interesa y al único al que ha rendido cuentas todos estos años. Ascenderá o descenderá a quien le salga de los cojones. Calificará con un 9.58 a Hernándezbis y dirá que es el mejor álbitro del furbol español y nunca tendrá la obligación de explicar de dónde demonios se ha sacado esa extrañísima nota.

Hdezbis, a cambio, besará allá por donde D. Vito vaya pisando (y quien dice Hdezbis, dice cualquiera de la lista de pelotas abajofirmantes) porque sabe que si fuera árbitro inglés, con sus dos mayúsculos errores de la temporada pasada, su historial de árbitro de élite en la Premier hubiera acabado antes de empezar. Hubiera acabado arbitrando un apasionante Exter City –  Grimsby Town de la tercera división inglesa. Por el contrario, D. Vito, le ha señalado, con su dedito rechoncho, como el number one del álbitraje español. Sustituyan a Hdezbis por Borbalán y echen su imaginación a volar.

  1. Victoriano, el gordo, ha sobrevivido dos décadas largas en un puesto cojonudo con un sueldo más cojonudo aún. Ha sobrevivido haciendo lo que le ha salido de los cojones (repito) protegido por un extraño oscurantismo que la corrupta prensa deportiva española nunca le ha criticado ni reclamado. Para ello solo ha tenido que cumplir una cosa a rajatabla: ser el agradaor del presunto delincuente y atender a sus necesidades para perpetuarse en el cargo.  

Los súbditos de D. Vito, que son pelotas pero no tontos, han captado el mensaje a la primera. Si quieren seguir disfrutando de prebendas, privilegios y los doscientos mil del ala, han de hacer como él, es decir, pelotear a la persona adecuada en el momento oportuno. Lo llevan grabado a fuego en sus silbatos y allá que se han lanzado sin pudor ni vergüenza.

Esta triste historia de magreo, de sobeteo de lomo, de limpieza de sable, es una historia de peloteo en cascada. Al presunto delincuente lo pelotea Victoriano, a éste lo pelotean los álbitros y a estos los pelotea parte de la prensa. Hay periogolfos que pelotean por omisión, miran para otro lado, argumentan las gilipolleces más variopintas y califican de conspiranoicos a todos aquellos que saben sumar dos más dos y presentan series históricas de datos incuestionables. Pero también los hay por acción y a pecho descubierto, con sus nombres y apellidos, como el tal Isaac “Viva La Roda” Fouto, al que ayer mismo vi en la TV del Madrid intentar justificar la tropelía del pelota Lahoz en la jugada del contragolpe interruptus. Vayan ustedes a saber cambio de qué, el pelota Fouto se esfuerza tanto en hacernos creer que no ocurrió lo que vimos en realidad.

La Mentira. El nivel del álbitraje. Dicen que el listón está muy alto. Y creciendo gracias a D.Vito.

Viendo el ridículo internacional de Mateu Lahoz en el partido Italia-Suecia, hablar del brillante trabajo de Victoriano y del altísimo nivel del albitraje, suena a broma de muy mal gusto. Otrosí,  la exhibición de Borbalán en el Wanda, vista en todo el mundo…y en la Uefa también, claro.

El nivel es altísimo, dicen los pelotas de sí mismos. No les vendría mal un poco de dignidad y ya puestos, de humildad. Examinemos el extraño caso del altísimo nivel álbitral y Borbalán. Raro es el año que Victoriano no le designa para uno de los tres o cuatros partidos más importantes de la liga española. En los últimos cuatro años, ha pitado tres Atleti-Madrid, un Barça-Atleti, un Madrid-Barça y un Valencia-Barça. Es decir, D. Vito le elige para arbitrar partidos de élite en una competición de élite con equipos de la máxima élite europea, de hecho, las últimas cuatro Champions las han ganado dos equipos que juegan la liga española, como todos ustedes sabrán.

Siguiendo la costumbre, D. Vito, designó a Borbalán, prodigio del pito,  para el partido del Wanda de hace unas semanas. Partido caliente entre dos equipos de los cuatro o cinco mejores de Europa en los últimos años. Repito, partido de élite para árbitro de élite. ¡Ja!

Si ustedes vinieran de Raticulín pensarían lo mismo que yo. Un álbitro capacitado para pitar un Madrid-Atleti, es capaz de pitar cualquier cosa. Extrañamente a la Uefa le ha pasado desapercibido el extraño caso Borbalán, el prodigio del pito. Demos una vueltecita por la Uefa.

Borbalán es internacional desde el año 2011. Seis temporadas completas y lo que llevamos de esta. Tengan siempre presente que, según juicio de D. Vito, Borbalán es de los mejores álbitros del fúrbol español. ¿Saben ustedes cuántos partidos de Champions ha pitado Borbalán en todo este período? Exactamente diecisiete. Pueden parecerles muchos o pocos, depende. Yo diría que la importancia no te la da el número sino la calidad de lo arbitrado. ¿Saben ustedes cuantos partidos de eliminatorias ha arbitrado Borbalán, prodigio del pito? Cero, nada, un mojón. Es decir, sus diecisiete partidos de Champions, se reparten entre liguilla y fases previas. Partidos gordos de verdad, ni uno. ¿Por qué será que la Uefa no quiere a Borbalán para los mejores partidos de su competición estrella? ¡Cojona, qué es un álbitro de élite de la mejor liga del mundo! Aún así, al cabrón no le ha tocado ni la pedrea. Ni un simple partido de vuelta de octavos de final. Nada. Inconcebible para el altísimo nivel del álbitraje español.

Hay otro caso mucho peor que el de Borbalán, es el caso de nuestro muy mejor amigo Clos Gómez, ya jubilado. Internacional desde el año 2010. Seis partidos, seis, pitó de Champions. Todos de las fases previas. Este ni siquiera pitó en las fases de liguillas. La Uefa estimó que su nivel daba, como mucho, para un Zrinjsk NK de Mostar – Legia de Varsovia. D. Vito pensó que era el árbitro idóneo para el Barça-Madrid del año pasado (con el resultado visto por todos…y la Uefa). Otra vez el nivel altísimo. Al parecer D. Vito nos lo va a encasquetar en un puesto en el CTA para hacer no sé qué y seguir jodiéndonos.

Borbalán es el tercer álbitro español en activo con más partidos de Champions arbitrados (repito, ninguno de eliminatoria). Y eso (repito) a pesar del altísimo nivel del álbitraje del fúrbol español. Los otros dos son (agárrense a los asientos) Undiano Mallenco, Ojo de Águila, y Mateu Lahoz, el del Metisaca del Fuera de Juego. Entre los tres suman 85 partidos de Champions. Su inventario de partidos realmente importantes se reduce a una sola semifinal…en 28 años de internacionalidades sumando las de los tres. El caso más triste es el de Undiano, internacional desde el 2004 (va para 14 años), dos cuartos de final es su logro más importante. Es el álbitro español en activo con más partidos arbitrados de Champions. Debería ser superélite del arbitraje europeo, pero no lo es. Sí, ya sé que soy un pesao, pero el nivel, a pesar de todo, es altísimo. Y todo gracias a D. Vito, que no se les olvide. De finales de Eurocopas o Mundiales, ni hablamos. Desde que Lamo Castillo hizo que la URSS casi nos invadiera, el albitraje español para la Fifa es como si no existiera. La última hazaña la protagonizó aquel sujeto de infausto recuerdo, llamado Medina Cantalejo, aka Medina CuantoMásLejos. La Fifa le nombró cuarto álbitro en la final del último mundial de Alemania. Se chivó del cabezazo de Zidane. El árbitro argentino no lo vio, pero él se chivó. Por aquel entonces esas cosas de VARes y Ojos de Halcones no se permitían y lo que el árbitro no veía, se iba al limbo. Pero allí estaba CuantoMásLejos, al quite.

Al margen de estos datos objetivos, están las tristes sensaciones de cada fin de semana. Sé que ningún pelota leerá lo que viene a continuación o, si lo lee, se llamará a andanas. Pero por mí que no quede.

Consejos de un simple aficionado para que el álbitro de fúrbol español se convierta en árbitro de fútbol español y alcance algo parecido al altísimo nivel del que presumen.

Principio Uno. No se trata de que no se equivoquen. Errar es humano. Se trata de que los errores se comporten como tal, es decir, que aleatoriamente unas veces caigan en un lado y otras veces en otro. Si no es así (y no lo es), chusco. Si siempre juzgaran con honestidad, no deberían tener miedo al error porque éste terminaría compensándose y nadie tendría motivo de queja.

Principio Dos. Llevamos tiempo viendo en redes sociales datos de series históricas con saldos arbitrales para determinados equipos. La estadística, tarde o temprano, terminará haciéndose hueco en el fúrbol español. Esos datos dan lugar a series estadísticas IMPOSIBLES de llamarse como tal, es decir, con su componente aleatorio, salvo que haya gato encerrado. Son tan imposibles como lanzar cien veces una moneda y que noventa y nueve veces salga cruz. Si dos casos similares son juzgados con criterios distintos, una y otra vez y siempre en el mismo sentido, yo diría que los jueces están prevaricando en toda nuestra cara. La moneda está adulterada. Alguien la ha trucado.

Principio Dos Bis. Es estadísticamente imposible que un equipo de fútbol, lleve casi cien partidos habiendo recibido un solo penalti en contra (en febrero se cumplirán dos años desde el histórico momento) y otro tanto con apenas jugadores expulsados. En otros países, me atrevería a decir que esto sería materia querellable. La moneda está adulterada y alguien la ha trucado. Y todos sabemos por qué y quién. Incluso la corrupta prensa deportiva, que calla, lo sabe.

Principio Tres. No hay que tener miedo a conceder 9 minutos de descuento en los partidos, si el asunto lo requiriese. Un servidor está harto de ver partidos de la Premier. A los árbitros ingleses les importa muy poco irse a los 8, 9 o más minutos de descuento y casi siempre con razón. Aquí, los pelotas tienen el límite en los 5  minutos, haya pasado lo que haya pasado.  Como paradigma de la incompetencia (o la corrupción) el partido Real Madrid-Betis de esta misma temporada. Solo las pérdidas de saque de portería llegaron a los nueve minutos, sin perjuicio  de las pérdidas de tiempo a causa de un dolor indefinido en el “finstro duodenal”. El pelota que arbitró aquello fue Mateu. Adán, portero del Betis, empezó perdiendo tiempo desde el minuto uno. A la vista de que a Mateu le importaba todo un huevo, Adán se fue creciendo en la suerte y cada vez tardaba más en sacar. Hasta tres veces salieron las asistencias a atender algún supuesto dolor. Cuatro minutos dio el pelota Lahoz. Curiosamente, estos mismos pelotas, aducen no querer el VAR argumentado, entre otras absurdas razones, que el juego se paralizaría mucho.

Principio cuatro. La reiteración en las faltas. Por esos mundos de dios, se suele castigar con tarjeta. En todos los casos. Los jugadores lo saben, ergo, en el fútbol inglés y alemán, por ejemplo, hay poquísimas faltas. El juego es rápido y fluido. Por esos mundos es inconcebible que un equipo haga veinte o más faltas en un partido. Aquí lo vemos todas las semanas. Y vemos algo mucho peor, vemos que normalmente el equipo más tarjeteado suele ser el que menos faltas ha cometido. Si tienes un equipo inferior, basta con dar las oportunas instrucciones a tus jugadores. Faltita va, faltita viene y rotándose. Nada espectacular. Interrumpirás el juego, será un partido coñazo, el personal no verá ni tres pases seguidos, muy probablemente conseguirás el resultado perseguido, no enseñarán tarjeta a tus jugadores y el potencial espectador de tv, al siguiente fin de semana, verá un Leicester – Stoke City antes que otra mierda de partido de la liga española. Pero el nivel del álbitraje español es altísimo gracias a D. Vito y sus pelotas.

Principio quinto. El cuarto árbitro. Es como  la vieja’l’visillo. Repito, estoy harto de ver partidos de la Premier. Salvo para el cartelón de los cambios y el descuento, ni se les vuelve a ver. Aquí son putos cotorras más pendiente de lo que ocurre detrás de ellos que de lo que sucede en el campo. Inconcebiblemente, para otras cuestiones parecen sordos y ciegos: así por ejemplo, cuando ese caballero del honor, tan dado a morder, insulta a los liniers y agrede a rivales. Dado que el nivel es tan alto, ¿pudiera ser que el cuarto árbitro ayudase al principal y no se dedicase a joder a los que se sientan en los banquillos? Raro es el fin de semana que algún pelota de estos, a soplo de la vieja’l’visillo, no expulsa a algún suplente, delegado, aguador, camillero, masajista, médico, segundo entrenador o jardinero. El caso es ser protagonista y dejar constancia de que existen y que son fieles al primer espada. Aunque sea jodiendo.   

Principio sexto. La coherencia. O, si lo prefieren, ausencia de doble vara de medir. Ya sé que pido demasiado, pero ellos solitos son los que se ha subido en el pedestal de la excelencia. No puede ser que a Lucas Vázquez casi la partan el pómulo con premeditación y alevosía, y su agresor reciba tarjeta amarilla, y a Sergio Ramos, por poner la mano encima del machote Aduriz, le muestren esa misma amarilla. Ahí hay algo que apesta.

Principio sexto bis. Algo raro está pasando cuando un jugador ha sido sancionado, en otros países en los que ha jugado, con un número significativo de partidos y ha sido llegar aquí y acabarse las sanciones y las expulsiones. Y el tipo no ha cambiado a mejor, todo lo más, a peor. Sigue insultando y agrediendo. Así pues, solo quedan dos opciones no incompatibles. O los álbitros españoles son incapaces de ver lo que otros árbitros sí ven, o no lo quieren ver. O ambas. O sea, o son muy malos y lo del nivel altísimo es un mojón apestoso o son unos miserables corruptos. O ambas, repito.  

Conclusión. La Premier me provoca una envidia enorme. Por el ambiente de sus estadios, por el desarrollo de sus partidos y, por encima de todo, por la sensación de transparencia. No necesitan el VAR y, probablemente, no lo necesitarán jamás. Y no porque sus árbitros sean mejores que los de aquí (que lo son) y se equivoquen menos (que también), no. Simplemente transmiten sensación de honestidad. Y se ve cada fin de semana. En una jornada ves una equivocación a favor del United y a la jornada siguiente el error va en su contra. En la Premier sí se da la compensación final de errores. En la Premier nunca existiría un equipo con un penalti en contra en casi cien partidos oficiales.

Tendrán mejores o peores equipos, ganarán Champions o no las ganarán, pero la sensación de transparencia se lleva por delante el hecho de tener a los dos mejores jugadores del mundo, a tres de los seis o siete mejores equipos del mundo y a una selección campeona del mundo y de Europa no hace tanto. Y tal vez por eso, sus derechos de Tv casi doblen a lo que Tebas, experto en uralitas, contrata para LaLiga.

Todos sabemos que un árbitro inglés jamás hubiera parado el contrataque por la falta a Modric. Del mismo modo que, se reconozca o no, todos sabemos que el pelota Lahoz jamás hubiera expulsado a un jugador del Barcelona por las dos amarillas de Ramos. Desgraciadamente, lo sabemos. Estimados/as amigos/as, la moneda está trucada. Y díganle a un chino de China que pague sus euros para ver a Mateu parar un contrataque porque hay un equipo que no cae bien en el colectivo de pelotas. Esperen a que se vayan Ronaldo y Messi y ya les digo yo lo que pagará el chino.

Mientras tanto aquí, en lugar de hacer todo lo posible para que el negocio no decaiga, tenemos un colectivo de pelotas al por mayor, lanzando vergonzosas proclamas de apoyo a un siniestro personaje, culpable de parte del deterioro, y, además, dándose ínfulas de lo que no son. Por cierto, y acabo, no esperen nada bueno del tal Rubiales. Ayer le escuché en esRadio. Decepcionante entrevista y decepcionante personaje. Más de lo mismo. O Florentino pone pies en pared (y no parece) o, repito, más de lo mismo.

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