Desagradecidos en pretemporada. Por @ErZuru2000

Con la venia.

Recuerdo aquellos veranos en los que sintonizabas tu emisora favorita (increíble, pero cierto) en tu transistor a pilas, después de comer y a la hora de la siesta. Un sujeto al que no habías oído en tu vida (ya existían los becarios) te contaba los últimos avances en el fichaje de Canabal. Poco a poco te ibas adormilando, hasta que de repente, otro fulano te despertaba con sobresalto porque Perico acababa de lanzar un ataque furibundo en el Mont Venteux. Y así, tras los rumores sobre fichajes cuestionables, los ataques de Perico, las tardes de piscina y las noches de botellines de Mahou se pasaban los veranos.

Parafraseando a D. Hilarión, “hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”, y se popularizaron internet y las redes sociales y todo cambió. Las noticias dejaron de ser importantes, lo importante empezó a ser el momento y no el qué. Había que adelantarse al rival competidor. Entonces las noticias dejaron de ser noticias para ser opiniones disfrazadas de noticias. Las emisoras favoritas dejaron de existir por su exclusiva culpa. Las redes (con sus cosas buenas) convirtieron la comunidad futbolera en un patio de vecinas (más aun en verano) y las pretemporadas, tal y como yo las había conocido, murieron.

No me gustan estas pretemporadas. Las aborrezco. Cada vez más. Si estuviera en mi mano, las prohibiría. Y no por el fútbol en sí mismo o, mejor dicho, su ausencia. (Matizo: en realidad lo que yo prohibiría es lo que, horteramente, se ha venido en llamar La Summeriana.) ¿Por qué?, se preguntarán ustedes. Por todo en general, y por nada en particular. Por su insoportable pesadez.

El Mojabragas. Figura mítica donde las haya. Dícese del cheerleader de un jugador famoso. Está siempre presente en nuestras oraciones, pero en verano, si su adorado ídolo se ve afectado por un traslado, entrará en batalla como si la vida le fuera en ello. Tanto a favor como en contra. Añado que (lo sabemos todos) el mojabragas no es forofo de ningún equipo, es forofo particular de su ídolo. Todo lo más, si acaso, es aficionado de un club, pero de a poquito y sin molestar. Forofo, lo que se dice forofo, lo es del ídolo y de nadie más.

A todos nos gustan determinados jugadores más que otros. Su forma de ser, jugar o profesionalidad. No sabría decirles. Cada cual admira en función de sus particulares gustos. Pero eso, en principio, nada tiene que ver con el mojabraguismo. Cuando la admiración impide reconocer los errores del ídolo, entonces podemos decir que se ha pasado de la simple admiración al mojabragueo más recalcitrante.

Este verano, ni les cuento. Nuestro protagonista ha sido Cristiano Ronaldo. Jugador de época con un ego de época que le ha impedido ser el jugador más querido por el madridismo desde D. Alfredo. Se quiera ver o no se quiera ver. Y eso es una de las cosas que el mojabragas jamás admitirá. Cristiano es, para ellos, el mejor jugador de la historia del Real Madrid, por encima de D. Alfredo.  Y lo han peleado con uñas y dientes. Hasta producir hartazgo. Hartazgo que se ha visto incrementado por la guerra que muchos de los mojabragas han desatado contra algunos de los actuales jugadores del Real Madrid, vaya usted a saber por qué. Uno de ellos, un clásico: Gareth Bale. Desde que vino siempre lo han visto como un competidor del portugués. Otro, más sorprendente: Luka Modric. Sospecho que a este lo ven como un peligroso competidor de cara a ganar la verdadera Champions del Mojabraguismo: el Balón Doro. Y contra el presidente, claro. Exactamente igual a lo vivido cuando se marchó cierto portero que  ahora duda del alunizaje.

Como habrán podido deducir también se da el caso contrario. El del Mojabragas de Piernoski (un suponer), que está como loco por verle de blanco inmaculado. Su no fichaje produce la misma frustración que una venta. Pero no se dejen engañar por el mojabraguismo, seguirán siendo forofos del ídolo allá donde vaya. Eso sí, turra han dado, dan y darán a poco bien que le vaya al ídolo, esté donde esté, ya sea porque no se fichó, ya sea porque se vendió.

El Insider, o lo que se ha venido conociendo toda la vida como el enterao. El verano, es su época gloriosa. Sabe. Sabe porque conoce a alguien de dentro del club. O todo lo más, porque conoce a alguien que conoce a alguien de dentro del club. En un ataque de arrojo y osadía puede que el enterao nos quiera colar que es familiar, amigo, allegao o amante de alguien de la directiva. Y si, por ejemplo, el éxito lo medimos en seguidores de twitter, el enterao tiene éxito indudable. Un enterao no les aportará información de ningún tipo, pero, en general, si uno es capaz de abstraerse de sus mensajes, son muy divertidos tomados como lo que son: un pasatiempo. No caigan nunca en la tentación de tomar ni medio en serio cualesquiera de sus predicciones o acabarán cantando La Barbacoa de Georgie Dan y haciendo el trenecito con sus amigos en el salón de su casa.

Un enterao es la versión amateur de Manolete o de Bobby Gómez. En general valdría cualquier periodista dizque deportivo, pero válganme esos dos como ejemplos ilustrativos de lo que les quiero transmitir. Visto desde ese punto de vista el enterao es un ser absolutamente inofensivo. Pero ojocuidaoahí que a veces aciertan. No caigan en la tentación. No se dejen embaucar.  Su porcentaje de aciertos es similar al de Manolete y con la misma base científica. Ni caso. La mariposa que aletea en Japón habrá tenido más influencia en el fichaje que cualquiera de los chismorreos que les quiera colocar el enterao de turno.

Consejo: si están aburridos, sin nada mejor que hacer, y con ganas de echarse unas risas, dense una vuelta por la cuenta de un enterao en plena summeriana. No se pierdan los comentarios de sus miles de seguidores.

El Agonías. Un agonías es un ser siniestro. Taciturno, triste y deprimente. Naturalemente, para un agonías todo es malo y todo está mal. Si hay fichajes, es un despilfarro injustificable en los tiempos de crisis en los que vivimos. Si no hay fichajes de relumbrón, el presidente es un inútil e incompetente que ya no puede. Si los fichajes son (los actuales del Madrid) de jugadores jóvenes y prometedores a un precio razonable, el agonías aplica el segundo principio, el del presidente inútil y añade el escaso nivel de los fichados. Es decir, el agonías, dentro de su caverna, se ha construido un win&win de manual. Así, por ejemplo, sí se vende al jugador estrella  del equipo por los motivos que fueren, el agonías dirá que es una temeridad. Por el contrario si el crack (ya veterano) no es vendido, el agonías dirá que era el momento, que nos arrepentiremos y que nos lo vamos a comer con patatas.

Otra cosa, aconsejar paciencia, ya que estos de los fichajes acaba a finales de agostos, no vale  gran cosa cuando el destinatario es un agonías. Le dirán que es usted un mojabragas del presidente. Dentro de su visión siniestra de la vida en general, y del fichajeo en particular, no caben ni las buenas noticias ni las posibles buenas noticias. Huyan del agonías o les arruinará las vacaciones del verano. ¡Ah! tienen un mantra: “todo negatifo, nada positifo”.

El Pajiplantillero. Con la iglesia hemos topado. En primer lugar he de aclarar que, basado en mi experiencia, he observado que hay muchos tipos de pajiplantilleros, en diferentes grados de profesionalidad, seriedad y sabiduría. Y, reconozcámoslo, todos hemos sido alguna vez en nuestras vidas, pajiplantilleros. Unas veces para pasar el rato y por aburrimiento, otras para compartir cañas y copas. Pero no es a este tipo de pajiplantilleros al que me quiero referir. Hablo de otra cosa, hablo de los genuinos, de los de verdad, de los discípulos de Maldini. Un pajiplantillero de verdad dizque conoce el mercado, sabe de las necesidades del equipo, estudia estrategia y opina, desde el sofá de su casa, sobre la preparación física más adecuada para llegar en óptimas condiciones al final de temporada. También sabe de medicina deportiva, de presupuestos, de negociaciones, de finanzas, de casamientos de operaciones financieras en los fichajes, de derechos televisivos, de cantera, de representantes y de federaciones. O eso dice él.

Un pajiplantillero es un pozo sin fondo de conocimientos tácticos adquiridos a golpe de miles de partidos entre digestiones de pizzas-carbonara y bolsas de patatas fritas Matutano. El pajiplantillero ilumina nuestras tristes vidas con expresiones tales como “cae muy bien a banda”, “ataca los espacios de manera muy inteligente”, “se asocia muy bien” o “aguanta el balón magníficamente”.

Con esos posos de conocimiento y sabiduría, el veraneo futbolístico para el pajiplantillero es el paraíso, más aun teniendo a su disposición las redes sociales. El pajiplantillero vive en las redes sociales y nos lo hace saber. Obsta decirles que nuestro protagonista quita, pone, vende, compra, cede, asciende o condena. Planifica plantillas, organiza clubes e ingenia alineaciones.  

Al pajiplantillero le gusta, por encima de todo, una sola cosa: pajiplantillear o lo que vendría a ser, jugar a las plantillitas. Desde ese punto de vista, nuestro protagonista vive en el paraíso cuando se acaba la competición y empieza la dichosa summeriana. Dado su carácter pseudo-científico, nunca lo reconocerá, pero lo que de verdad le gustaría es fichar o desfichar de manera compulsiva, con independencia de su necesidad. A razón de 20 jugadores por temporada. Quitar y poner a voluntad. Sería felicísimo en la liga profesional de fútbol americano con esas mastodónticas plantillas de casi 60 jugadores, los campos de entrenamiento, las combine, los draft…

No debemos olvidar otra cosa. El pajiplantillero es también un forofo/aficionado de un equipo de fútbol. De hecho, la primera víctima de sus pajiplanteamientos es el equipo de sus amores. Si por un casual el cuerpo técnico de dicho equipo juzga que solo hace falta retocar levemente la plantilla o firmar solo jugadores jóvenes con proyección (el caso actual del Real Madrid), el pajiplantillero entrará en combustión, saltando por encima de profesionales, finanzas y/o empresarios de enorme éxito en lo suyo, para sentenciar que el club está haciendo el ridículo y son todos unos inútiles. Aunque falten 40 días para el cierre del mercado. Da igual.

Un rasgo que identifica a un pajiplantillero es su bocachanclismo, lógico, por otra parte, pues la única forma de mostrar su sabiduría es hablar y no parar, o, en nuestro caso, no parar de escribir. Anuncia, propone, anticipa, sentencia, juzga, califica y clasifica. Y claro en el ejercicio de su verborrea, a veces, desbarra y hace el ridículo. No pasa nada, volverá. Es inasequible al desaliento. Es como Mortadelo Rubiales siguiendo al pie de la letra el estribillo de aquella canción de Los Zigarros, “hablar, hablar, hablar para no decir nada…”.

Otra cosita, para acabar. Nunca discutan con un pajiplantillero que haya entrado en combustión. La cosa puede acabar muy mal. Dará igual lo que usted argumente o contrargumente. El pajiplantillero siempre la tendrá más larga, aunque usted sea el negro del whatsapp.

El Cansino. A diferencia del pajiplantillero para el cansino lo de jugar a las plantillitas no es prioritario. Puede que sí o puede que no. Lo importante para el cansino, es la linde, cogerla y no soltarla. Y la linde puede ser cualquiera cosa. Hay que fichar a Fulanito o hay que vender a Zutanito, da igual, pero también puede ser el calor veraniego, el avión de Perico Sánchez o la ruina económica del Real Madrid. El cansino abarca muchos más campos que el simple pajiplantilleo.

El cansino agarra un tema, el que sea, y lo convierte en la canción del verano. El caso Mbappé, bien pudiera ser el ejemplo paradigmático. Normalmente, Fulanito es un jugador sobre el que nadie admite duda. A todos nos gustaría tener a Fulanito. Fulanito suele ser uno de los mejores jugadores del mundo. Pero a veces no se puede, no se pudo o, simplemente, Fulanito no quiso, porque de todo tiene que haber en la viña del Señor. Es en este punto, cuando un  mojabragas de manual se convierte en cansino o el cansino deriva en mojabragas, no sabría decirles que es lo primero, el huevo o la gallina.

Juzga que sí se pudo pero no se quiso (aunque un alto directivo del equipo propietario del jugador reconociese ofertón); sí se puede pero no se quiere (a pesar de las declaraciones de Fulanito diciendo que se queda en su equipo); finalmente Fulanito, para el cansino, siempre está exonerado de toda culpa. Fulanito siempre estará, a su juicio, dispuesto a venir por un catre y un plato de lentejas. Así, días tras día, casi todos los días del año y febrilmente, desde finales de mayo hasta septiembre. El caso es tener razón aunque no se tenga. Y dar la brasa.

Pero no crean que un cansino siempre lo es sentido positivo, no, que va. Si les nombro a Benzemá, sabrán. El cansino es capaz de ponerte la cabeza como un bombo por un fichaje no realizado, por una venta no ejecutada, por una cesión no asumida, por un entrenador demasiado táctico o demasiado consentidor o por una directiva inútil.

Tampoco discutan con un cansino. Es una pérdida de tiempo, de energía y hasta casi de dinero. Les vencerá por agotamiento.

El Pretemporero. El pretemporero es un aficionado peculiar. Digamos que tiene un listón de exigencia muy alto, cosa que suele ocurrir en casi todo tipo de aficionado y, especialmente, en el del Madrid. Lo que le hace peculiar es su incapacidad para relajarse, lo que le lleva a ser una nulidad a la hora de distinguir situaciones. Asiste a un partido amistoso de pretemporada con la misma energía, entusiasmo y estado de nervios que una eliminatoria de Champions. De este modo, y gracias a que es incapaz de aguantarse las ganas, el pretemporero suele dejar por escrito todas sus frustraciones fruto de un mal partido de pretemporada frente al Real Salt Lake. Es carne de cañón de zascas históricos y monumentales allá por mayo. Siempre hay un cabrón que le hace recordar las cosas que escribió allá por agosto del año anterior.

Siempre pensé, erróneamente, que a la mayoría de aficionados nos importaba una higa los resultados de pretemporada, salvo marcador escandaloso, claro está. Evidentemente me equivoqué. Compartir opiniones a través de twitter con cientos de aficionados, fue lo que me sacó del error.

Hecho el inciso, sigamos. Les decía que el pretemporero aflora en todo su esplendor durante las fases de la pretemporada en las que hay partidos amistosos. El resto del año, se diluye entre la exigencia y el cainismo de la afición del Madrid. Pero tiene rebrotes. Véase el caso de un partido ya resuelto en la primera parte con un contundente 5-0. Todos sabemos que la segunda parte será un coñazo insoportable y que el asunto no cambiará gran cosa. Bueno, todos no. El pretemporero iniciará la segunda parte con cero a cero en su marcador. Y si su peculiar marcador arroja una derrota de su equipo, no ahorrará en gastos. Relajación intolerable del equipo. Hay que tomar medidas urgentemente. Marcador final (real): 5-1. Y así, siempre.

También lo vemos en eliminatorias de Copa frente a equipos de 2ªB o 2ª (menos lo de este año que ha sido un auténtico disparate). Son partidos en los que interesa no cansarse, no lesionarse, que los suplentes jueguen todo lo posible y obtener un resultado adecuado. Pues ni por esas. Recuerdo un partido del Madrid contra el Xátiva de hace unos cuatro o cinco años. En el partido de ida en Xátiva empataron a cero. Las críticas de gran parte de aficionados del Madrid fueron feroces. Naturalmente, el Madrid acabó eliminando al Xátiva. Es más, acabó ganando aquella Copa con la famosa carrera de obstáculos de Gareth Bale.  

El año pasado, por no irnos más lejos, el Madrid, si la memoria no me falla, fue incapaz de ganar ni uno solo de las partidos de la Champions esa que juegan en USA. Uno de ellos frente al Barcelona. Imagínense lo que llegó a caer del cielo. Rayos, sapos, culebras, pedrisco, maldiciones, todas las plagas de Egipto y el advenimiento del maligno. Se dieron cita todos, mojabragas, cansinos, agonías, pajiplantilleros, insiders, cagaprisas y, por supuesto, pretemporeros. Cada cual con sus quejas y exigencias. Pocos días después, el Madrid arrasó United y al Barcelona en las Supercopas. Toda esta fauna desapareció de las redes sociales. Pero nuestro gozo, duró muy poco. Volvieron a aparecer, en todo su esplendor, en el segundo partido de la liga. Y ya, no nos abandonaron.    

El cagaprisas. El cagaprisas florece nada más acabar la liga. Ha de hacerse todo a toda leche. Los fichajes, las ventas, las cesiones, replantar el césped, reformar los sanitarios, darle una mano de pintura al palco, enfoscar las paredes del vestuario y ganar la Décimocuarta, a más tardar, en Octubre.

El cagaprisas es impaciente por naturaleza, es decir, las cosas son para ya o ya. La frase típica del cagaprisas es “estamos a 4 de julio (por ejemplo) y el Madrid todavía no ha fichado a nadie. Florentino dimisión”. Y es que el cagaprisas es de los que tiene borrada la leyenda de la tecla F5 de tanto darle a la tecla de actualizar a la espera del maná de la buena nueva.

Ya sabemos cuándo finalizan los plazos de fichajes, pero tal dato es implanteable en un cagaprisas. Si el presidente del Madrid se hubiera dejado llevar por el cagaprisismo, es altamente probable que algún jugador (tipo en Mbappé) hoy estuviera en las filas del Real. Tan altamente probable es eso como que también lo estuviera André Gomes o que nunca hubiéramos podido disfrutar de Modric, Bale o Ronaldo Nazario. Lo que sí sabemos es que la pachorra del Madrid en estos asuntos ha llevado a sus vitrinas cuatro Champions en cinco años. Eso es lo único cierto de este asunto.  

Todo lo anterior, al cagaprisas, le da igual y ve pasar los días al borde del ataque de nervios. A punto de implosionar. Los comentarios del cagaprisismo, a medida que transcurren los días y las semanas, terminan por convertirse en discusiones de vecindario y de patio de corrala. Vuelan los insultos, las amenazas, los improperios, las peticiones de dimisiones, los recordatorios a los familiares vivos, muertos y por nacer. Finalmente, el fichaje se da o no, pero eso es casi lo de menos para el cagaprisas. Lo importante para el cagaprisas es que el fichaje no se hizo cuando a él le hubiera gustado. Eso le lleva a estar profundamente insatisfecho y así seguirá hasta la siguiente oportunidad, que se dará, normalmente, al siguiente verano.

El Becario. Naturalmente no podía faltar la aparición en escena del becario haciendo las veces de dizque periodista deportivo. A fuer de ser sinceros, hay que reconocer que no desmerecen en nada a los titulares. Copian, sin rubor, todas las virtudes (si las hubiere) de los titulares y todos sus defectos (que haberlos, haylos, y muchos). Así pues, si bien me refiero al becario en este apartado (dado que suele aparecer en estas épocas del año), todo lo que sigue es perfectamente aplicable a los titulares.

A ver si les suena de algo:

Algunas fuentes me informan de que el fichaje de Pelengano, está prácticamente cerrado y será anunciado en las próximas horas. Otras fuentes me dicen, que quedan flecos y que el fichaje se puede retrasar varios días o semanas. A día de hoy esta es la situación. Pero esto es fútbol y lo que es blanco hoy, mañana puede ser negro. No hay nada seguro.

O sea, que ni puta idea, para qué vamos a andarnos con remilgos. Observen ustedes la coletilla mágica: “a día de hoy”. Esta expresión es el bálsamo de Fierabrás del periodismo deportivo español. Es su salvoconducto a algún sitio extraordinario dentro de su imaginario e irreal mundo porque yo, cuando oigo esa expresión pienso exactamente lo mismo que todos ustedes: no tienen ni puta idea.

Pasarán los días y si la cosa se da, pues ya saben: “nosotros lo dijimos primero”. Si no se da, también saben: “el tema no estaba cerrado y nosotros ya lo advertimos, pero cuando lo contamos, era lo que había”.

Veamos si les suena esto otro:

  • Según mis fuentes, el Madrid está interesado en fichar, de modo prioritario, un delantero centro.
  • No pongo en duda la veracidad de la información del compañero Romerales, pero mis fuentes me dicen que la prioridad es un defensa central.

Se lo traduzco del periogolfés al español:

  • Estooooo…bueno venga, ahí va, si el Manolete vive a cuerpo de rey inventando cosas y no le pasa nada, yo también puedo. Que dice mi bragueta que el Madrid va a fichar un delantero. A día de hoy.
  • Hostia, Romerales, no te puedo seguir el rollo, necesito justificar que estoy trabajando en algo. Venga, va. Todos sabéis que lo que os acaba de contar este gilipollas es mentira. Para no ser menos ahí va la mía. El Madrid fichará a un central. A día de hoy.

Siempre me ha llamado la atención el respeto reverencial que se profesan entre ellos. Y estaría muy bien, si no fuera porque se da en un colectivo de sujetos con escaso sentido de la dignidad, profundamente grosero, maleducado, mentiroso, profesionalmente nulo y deshonesto. Parece que se respetan, pero ni caso, en realidad están aplicando aquello de perro no come perro. Quedémonos como estamos, que se vive muy bien. Todos sabemos que uno de los dos miente, o los dos. Pero les da igual. Necesitan contar algo y ha de ser hoy mejor que mañana.

En el verano futbolístico, a falta de goles y escándalos arbitrales, el tema central es el fichajeo. Pero hete aquí que su profesión ha quedado reducida a reuniones de cotorras para opinar de lo que sea y con la misma pericia y sabiduría con la que un chimpancé, armado con un Kalashnikov,  dispararía a una diana. Pero es lo que menos les importa. Y así, en los desayunos, almuerzos y cenas, nos atiborran con fichajes posibles, imposibles e inventados. Y todos sabemos que es mentira, porque no saben nada. Porque es imposible que sepan algo.

Es entonces cuando surgen gentes de mal vivir y peor dormir que se dedican a elaborar listas con los fichajes del dizque periodismo deportivo. Listas con cienes y cienes de jugadores de todos los colores, texturas y procedencias.

Como en esas listas recopilatorias están todos, es imposible fallar. Pero pudiera ocurrir que no hubiese fichaje de ningún tipo. En ese caso se retoma el formidable “a día de hoy”, volviendo al punto de partida. Y así, verano tras verano.

Fin. Muchas gracias por llegar hasta aquí. Si alguno de ustedes se ha identificado con algún estereotipo de los descritos más arriba, sepan que no es nada personal. Simplemente no estoy de acuerdo con usted. Tal vez el 1 de septiembre, le tenga que dar la razón en muchas cosas. Seré el primero. Pero hoy, no. No me convence usted.

No me convence que prefiera usted creer en la palabra de un imberbe, que prefiere los millones, antes que la palabra de su presidente.

No me convence que ponga por encima de su club al ególatra más grande visto nunca jamás sobre un campo de fútbol. Por muchos goles que haya marcado.

No me convence que todo lo vea mal. No me convence que se ponga a pedir fichajes a mitad de junio y menos aún, a pedir dimisiones. No me convence que insulte a jugadores por perder un simple partido amistoso. No me convencen sus estúpidas predicciones catastrofistas. Tampoco me convence demasiado que se trague los bulos de cualquier iluminado. No dice mucho de usted. No me convence que se crea más listo, más experto y con más sabiduría que profesionales que son los mejores del mundo en lo suyo. Ni me gusta ni me convence que me diga que soy un mojabragas de Florentino por aconsejar tan solo un poco de prudencia. No me convencen sus lecciones a Florentino sobre cómo ha de hacer para fichar a su favorito. No me convence que sea capaz de dejar por escrito tal cantidad de gilipolleces, cuando el partido se está jugando todavía. Se puede ser exigente y agradecido. Lo que menos me convence de todo, es su profundo, grosero e injustificable desagradecimiento.

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