Di María: Ángel y demonio. Por @jaldo1983

[Foto: Daily Star]

Si hay algo que ha marcado las cuatro temporadas de Ángel Fabián Di María Hernández en el Real Madrid C. de F. ha sido su doble personalidad. El un día parecer un jugador de enorme talento al que le sale todo y que quiere comerse el mundo y triunfar vestido de blanco, y al día siguiente parecer un jugador al que no le sale una, sin ambición y sin ganas que se preocupa más de acomodarse sus partes que de otras cosas. Eso es algo que por desgracia es muy común en la plantilla blanca y termina haciendo que el equipo tenga la misma manera de ser, lo cual no quiere decir que porque sea lo habitual sea lo correcto.

Di María en estas cuatro temporadas como jugador madridista nos ha dado grandes momentos como aquella asistencia a Cristiano Ronaldo en la final de Copa 2011 ante el Barcelona, el gol de fe que anotó en el descuento del partido de ida de la Supercopa de España 2012 que hizo que la vuelta ante los culés fuera mucho más fácil, el churrigol que abrió la final de Copa 2014 ante el mismo rival, su partidazo en la final en la que conseguimos la ansiada Décima o tantos y tantos partidos en los que le hemos visto vaciarse en el campo presionando a la defensa rival, regateando hasta a su sombra o asistiendo a sus compañeros (72 asistencias en 190 partidos como madridista, y justo la mitad de goles -36-). Pero no hay que obviar que también es un jugador que ha tenido rachas muy malas, no partidos sueltos que esos los tiene cualquiera, sino rachas largas. Rachas en las que no hacía su función dentro del equipo ni la mitad de bien de lo esperado, rachas en las que no driblaba a nadie y aún así lo intentaba una y otra vez generando muchas perdidas de balón, contraataques tirados a la basura por malas tomas de decisión por su parte (esto le ha ocurrido no solo durante esas malas rachas, sino siempre cuando era él quien conducía la contra de turno), se ha emperrado en tirar penaltis a pesar de que no es ni mucho menos su punto fuerte y que había lanzadores mejores que él sobre el terreno de juego, lo cual en Dortmund nos llevó ya no solo a no cerrar la eliminatoria en los primeros compases del partido de vuelta, sino a tener luego que pasarlo realmente mal en un partido en el que Di María fue de los peores jugadores de campo. Y lo peor de todas esas malas rachas no es que ocurrieran, que hay muchos jugadores de rachas que han triunfado, triunfan y triunfarán en el fútbol y en el Real Madrid, sino el motivo por el que parecían ocurrir (la primera fue tras conseguir un aumento de sueldo y las otras dos tras berrinches por no conseguir un nuevo aumento de sueldo) y la actitud del jugador cuando entrenador o afición le reprochaban esa racha tan mala que se veía que era más por temas de ganas y salario que por temas físicos o mentales.

Di María ha comprendido muy bien lo que espera un aficionado del Real Madrid de sus jugadores sobre el terreno de juego (ganas y calidad) pero parece no haber comprendido jamás otras cosas igual de importantes como que a cada racha buena no puedes pedir aumento de sueldo -igual que a cada racha mala no se te baja-, que la manera de pedir un aumento de sueldo no es hacer público el enfado de turno, que en el Club hay unas escalas salariales -no solo basadas en lo deportivo- y que él ya había llegado a su tope y, sobretodo, que en el Real Madrid nadie es imprescindible. No lo es Cristiano Ronaldo, no lo fue Di Stefano, no lo va a ser él... Y al final este jugador, que por mucho que se esfuerce y muy bien que lo haga nunca pasará de ser un segundo espada tanto en su club como en su selección, ha tenido que comprender a la fuerza que el que no quiere estar en el Real Madrid no lo va a estar. Y que si el verano pasado ya quiso irse (Di María lleva año y medio más o menos queriendo salir del Club si no le suben el salario) y al final se quedó, fue porque Özil tenía aun más ganas de irse que él, porque por el alemán nos daban más dinero y porque además no se podía descompensar tanto la plantilla perdiendo a dos jugadores importantes casi al final del mercado. Este verano se da la vuelta a la tortilla y parece ser que el que sale del Madrid a precio de oro será un argentino y que el que se queda por las circunstancias será un alemán (Khedira).

Así que desde ahora simplemente agradecer a Di María sus épocas de ángel en el Real Madrid y recordarle que si sale del club más grande del mundo y el día de mañana será recordado "solo" como un muy buen jugador del mismo y no como una leyenda es por su parte de demonio. Paradojas del destino que precisamente salga del equipo para convertirse en un Red Devil de Old Trafford, en donde le deseamos mucha suerte, siempre y cuando no se enfrente al Real Madrid.

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