El jugador profeta. Por @ErZuru2000

Con la venia.

El esperpento. El Madrid le ganó 0-5 al Viktoria como quien no quiere la cosa. El Viktoria fue a Moscú y le ganó al CSKA remontando un gol en contra. Vi ese partido y me predije a mí mismo goleada en el Bernabéu, y con suplentes, en el último partido de la liguilla. Hasta ahí llegan mis dotes adivinatorias. Finalmente los rusos vinieron y vivimos otro esperpento más de los que llevamos vistos esta temporada.

Me di una vuelta por twitter y los culpables variaban en función de los gustos de cada cual. Algunos señalaban a los centrales. Cierto es que se comportaron como pardillos. Uno por inactividad y el otro porque hasta hace tres minutos forcejeaba ardorosamente contra el delantero centro del Coruxo mientras peleaba por la titularidad en el Castilla con Manu y Dela, y no siempre la conseguía.

Otros se acordaban de la madre de Courtois. Vayan ustedes a saber por qué, dado que la cosa hubiera ido a mucho más si no hubiera sido por él. Aquí las viudas del admirable y admirado Keylor. Muchos pensaban en Isco y/o Asensio. Otros muchos (me incluyo) en Marcelo. Alguno en la inoperancia de Odriozola. Hubo hasta un exjugador, Isidoro San José (aka Isi), que se ciscó en el pobre Vinicius en esRadio, la emisora de los henmanos aylieticos. Tal vez, porque le pueda la inquina de no poder disfrutar del carguito en el club que sí tenía con Moncho Calderón…y dado que el chico es fichaje de Florentino…pues ya saben.

El remate de la paranoia se la llevó Bale, que fue silbado cuando se retiró a la banda para ser atendido de una torcedura de tobillo por saltar a rematar de cabeza un córner. Al margen del estropicio del resultado, llamó especialmente la atención lo de Isco enfrentándose a la grada. No es el primero, no será el último. Lo malo del tema es que el Madrid parece una fábrica de engreídos descontentos.

Obviemos al protagonista y quedémonos con la actitud. ¿No les suena a ropa vieja?, ¿a déjà vu? ¿Recuerdan ustedes cuando Iker Casillas mandó a tomar por culo a la afición? Reacción que, por cierto, y aprovecho lo del Pisuerga y Valladolid, fue recordada y justificada por el susodicho Isi mientras se ciscaba en Vinicius. Michel, Di María, Cristiano y algunos más que ahora no recuerdo ni quiero recordar.

Desgraciadamente, en mi modesto entender, el Madrid se ha especializado en manufacturar un tipo de jugador muy peculiar. Para mí, especialmente grimoso y prescindible. Yo les hago mi retrato robot y ustedes le ponen el nombre que les apetezca.

Puede ser canterano o no, eso es lo de menos. Puede ser un fichaje sin mucho renombre o puede ser un fichaje súper galáctico, no importa. En sus primeros años (la cantidad de años es variable en función del carácter) da un rendimiento muy notable, sobresaliente o, incluso, de matrícula de honor. Su nombre y su estampa aparecen en las portadas de los panfletos madrileños. Si es español, su nombre será repetido en todas las tertulias radiofónicas o televisivas en manera muy laudatoria, en algunos casos hasta el empalago y casi rozando el paroxismo. Si no es español pero su representante tiene mano, los efectos serán muy parecidos. En el reverso oscuro nos encontraremos con el jugador extranjero con representante extranjero y con pocas ganas de compadrear. Este, lo llevará claro. Sobran los nombres.

Lo anterior no ocurre en ninguno de los otros dos grandes clubes de la Liga. Ni en el Barcelona ni en el Atleti. El culeríonacionalismo es un régimen deportivo/político/mediático que actúa a modo de guardia pretoriana.  La facción mediática del régimen jamás atentará contra los intereses de la facción deportiva del mismo. Pertenecen a un mismo ente y comparten unidad de destino en lo universal. Ahí tienen el caso Dembelé y el trato recibido. Toda la comprensión por parte de la facción mediática del régimen, vendiendo la imagen de un talentoso muchacho un poco díscolo. El sector mediático que se supone no forma parte del régimen, es decir, la prensa dizque madrileña, ha mostrado nulo o escaso interés en el asunto Dembelé. Chocante manera de comportarse, si pensamos en cómo se tomó el fichaje de Bale y más chocante aún, si pensamos que el muchacho Dembelé se ha lesionado más que Bale, ha marcado muchos menos goles que Bale en su primer año y ha costado un 50% más que Bale.

Pero todos sabemos cómo se las gasta el régimen. ¡Ay de aquél que ose! Walter García explicó muy bien lo que pasaba en estos casos. Llamada de los patrocinadores y toque de atención. El miedo, la poca vergüenza y la falta de profesionalidad, hacen el resto. El régimen hubiera echado de la profesión a cualquier Manolo que hubiera osado dirigirse a Dembelé en tono despectivo. El régimen, en su caso, hubiera despedazado al grupo de amigotes periodistas de Ramos que le hubieran apoyado para chantajear al club. El régimen hubiera empitonado al mismísimo Ramos a la primera crítica al presidente. El régimen, por supuesto, jamás permitirá que cualquiera de sus periodistas utilice a un jugador, haciéndole creerse lo que no es, para ir contra el club. Y viceversa, ahí tienen al sempiterno lesionado Vermaelen. Cualquier burla grosera sobre las lesiones de Vermaelen hubiera sido debidamente reconvenida. El régimen controla. En cuanto al Atleti solo hace falta que les mencione al machorro y machista Enrique Cerezo y todos ustedes sabrán. ¿Qué ofrece? No sabemos. Sí sabemos lo que obtiene: silencio. Piensen mal y se quedarán cortos.

Pero volvamos a nuestro jugador estrella. Han pasado un par o tres de años desde que vino y ya es famosérrimo. Futuro potencial balón de oro. Mejor portero, lateral, central, centrocampista o delantero del mundo, según certificado de la universidad de Güichita, la misma en la que estudió inglés Peperra de la Morena.

Justo en este momento el jugador empieza a levitar. Levita tanto y tanto que asciende a los cielos en carro de fuego como el profeta Elías. De tanto levitar llega a la estratosfera. Ya es algo más que un simple jugador de fútbol. Es, efectivamente, un profeta que ha venido a anunciarnos la verdad. Desde allá arriba contempla la mediocridad de lo mundano: los aficionados, el entrenador, el club, su presidente y, cómo no, la afición.

Tenemos la suerte y el gozo de poder disfrutar de su presencia en nuestro club. Juega como si le debiéramos algo, lo que le lleva a pensar que, en realidad, nos está haciendo un favor a los aficionados madridistas y al resto de los anodinos mortales que no poseemos la extraordinaria virtud de poder darle patadas a un balón con tanto esmero, técnica y dedicación. Él ilumina nuestra existencia y por ello le debemos agradecimiento, respeto y veneración. Y lo peor, muchas veces a cambio de nada o menos.

Una vez instalado en el Olimpo, el resto de cuestiones que rodean su vida profesional empiezan a tener una importancia relativa. Llegados a este punto, el entrenamiento diario se convierte en rutinario y en un coñazo insoportable. Es prescindible. Nuestro jugador/profeta es capaz de justificar cualquier cosa y hasta puede que se lo llegue a creer. Con un par de volteretas y el talento innato, tenía suficiente, nos vino a decir un famoso portero/profeta. No necesitan entrenarse; él, ellos, no. Ni cuidarse. Ni fondos, ni sentadillas, ni flexiones. Hasta que lo ves entrenar al lado de Keylor Navas y entonces la vergüenza ajena te hace ponerte verde. La gente los adora, mitad por merecimientos pretéritos, mitad por la campaña de promoción y publicidad de sus amigos. Da igual. Son adorados porque se lo merecen. ¿Para qué entrenar?

El jugador/profeta también se tiene que divertir. Y sale por las noches que es cuando uno más se divierte. Tiene a su disposición todos los placeres que uno pueda imaginar. Y todo el dinero necesario para alimentar su ego y lo que su cuerpo serrano aguante. Al ser jóvenes y con un cuerpo entrenado durante el período en el que aún no había empezado a levitar, aguantará este tren de vida durante un número variable de años y partidos. El cuidado de su cuerpo, su principal herramienta de trabajo, ya no es objetivo primordial, pues él ya está por encima del bien y del mal. Es Dios y Dios hace su voluntad. Sus amigos periodistas, los que le han convertido en futuro balón de oro, ya se encargarán de recordarlo. Viven otra realidad y en otro mundo paralelo en el que ellos son los reyes. Un mundo en el que sus lorzas, falta de sacrificio y de concentración pasan desapercibidos porque, -piensan ellos- a la gente le da igual, su sola contemplación satisface plenamente al aficionado.

Evidentemente, el juergueo nocturno no es actividad exclusiva del jugador/profeta. Es de ilusos pensar eso. Lo que les diferencia de los jugadores terrenales es que estos últimos saben que están haciendo algo que no deben y que la tentación (muy grande) les puede. El jugador/profeta piensa justo al contrario, necesita el juergueo nocturno y se lo merece.

Este es el prototipo de jugador/profeta que ha venido a que le adoremos y a alegrar nuestras tristes existencias. Pero no es el único. Los hay que no derivan en esta vertiente golfa. Los hay que son profesionales como la copaunpino, aunque igual de insoportables, engreídos y despegados de la realidad. La gama de perfiles que uno se puede encontrar desde la versión golfa y fondona hasta la versión Mazinger-Z es casi infinita pero, eso sí, con una característica común en todos ellos. Me explico. En este punto, nuestros protagonistas tienen asumidísimo que son ellos, y no el club en su conjunto, los protagonistas de los éxitos alcanzados. Recuerden aquellas sabías palabras de Álvaro Arbeloa sobre lo de que la pregunta correcta que debe hacerse es qué es lo que tú puedes hacer por el club y no al revés. Palabras con las que se mostró en total desacuerdo nuestro famoso portero/profeta, Iker Casillas.

La versión golfa y vaga del jugador/profeta empezará a jugar mal a medida que las reservas se le vayan agotando. Comenzará la cuesta abajo. Donde antes había exclamaciones de admiración y coros de animación proclamando a los cuatro vientos el nombre de nuestro protagonista, empiezan a escucharse sonidos de viento. Y nuestro jugador/profeta se revolverá de la peor forma posible. ¡Lo hemos visto tantas veces! Unos se tocan sus partes, otros se van del campo directamente, otros se encaran con la grada y regañan a esa afición tan desagradecida, otros son capaces de mandar a una grada entera a tomar por culo. Sus amigos, los justificarán inventándose conspiraciones y campañas orquestadas. Son especialistas. Pasan de gritar como energúmenos: “¡¡El santo, ha sido el santo!!”, a imaginar un ejército de descerebrados yihadistas de Mourinho dispuestos a obedecer como un solo hombre a Dios sabe quién.

El entrenador se convierte en otra víctima. Si le quita la titularidad, visto su rendimiento, y lo sienta en el banquillo, sus posibilidades de fallecer en el intento serán altísimas. Si en un partido cualquiera, a la vista del paupérrimo estado de forma, lo cambia por otro compañero, tres cuartas partes de lo mismo.  Ahí tienen a Marcelo sustituido después de un partido infame contra el Girona, advirtiendo a Lope de que él no había entendido el cambio. Hasta las piedras de Montilivi estaban horrorizadas con el partido del lateral. Él fue el único que no se dio por aludido. La altura alcanzada por la levitación ha llevado a Marcelo (al menos, cuando pisa un césped) a perder todo contacto con la realidad. Si Marcelo es incapaz de ver su cuerpoescombro sin que se le caiga la cara de vergüenza o es incapaz de admitir el infame rendimiento en, como poco, el último año y medio, Marcelo tiene un problema gordo (literalmente) y el Madrid, también.

Ya hemos visto que no todos los jugadores de este tipo se dan a esta degradación. Los hay muy profesionales que se cuidan y rinden a nivel altísimo casi siempre. Pero un buen día, llega una simple sustitución, por un mal partido, y ese día nos descubre todas sus vergüenzas. Hemos vistos casos. El problema de este tipo de jugadores no es la caída a los infiernos, es el permanente estado de inconformismo, siempre se consideran maltratados la infinita mayoría de las veces, sin razón. En muchas ocasiones, faltando al respeto a su compañeros y rivales. Y siempre quieren más. Y nunca será suficiente. Da igual lo que hayan hecho o dejado de hacer. Viven en un pedestal perpetuo. Ahí tienen el ejemplo de Ramos, pidiendo aumento de sueldazo después de una temporada blanco. Ramos subió a los altares en el 92:48 y de ahí no lo bajará nadie. A Bale con su chilena prodigiosa no le dejaron ni acercarse al pedestal. Increíble, pero cierto.

Este tipo de jugadores tensan tanto la cuerda que, en muchos casos, acaban marchándose a otros clubes, mitad enfurruñados, mitad viuditas ofendidas. No cuesta trabajo imaginárselos saliendo por la T4 camino de sus nuevos clubes. Con la sonrisa en la boca y con el convencimiento de que aquellos inútiles vivirán en la mediocridad sin su presencia. Ozil, Di María o Morata, entre otros tantos. Lo piensan, no lo duden.

Normalmente, la realidad les golpea con toda la crudeza posible. Y resulta que el club no solo no se ha hunde sino que, encima, sigue ganando. Y sentado en el lujoso sofá de su lujosa mansión en mitad de la campiña inglesa, un día de finales de mayo, ve a sus compañeros levantar otra vez aquella maldita copa. Le invade la tristeza y la melancolía. En su nuevo país de residencia y en su nuevo club, nadie le considera un profeta. Ha de entrenar al mismo ritmo que los demás y más le vale, pues si no, no jugará. Ha de correr lo mismo que sus compañeros y, lo peor de todo, allí no hay nadie ni medio parecido a ese periodista amigo que tanto le defendía a cambio de aquellos pequeños detalles. Y lo de enfrentarse con la grada, que ni se le ocurra.

Las tristezas de Cristiano Ronaldo o las quejas de Ramos, no son más que la plasmación de la misma forma entender su extraña realidad. Lo importante de la carrera de Cristiano no era sus títulos colectivos, era sus balones de oros y similares. Los títulos del Madrid son consecuencia de sus balones de oro, nunca al revés. Las críticas de Canelita, su osadía poniendo negro sobre blanco las características que ha de tener un entrenador que quiera triunfar en el Madrid, es más de lo mismo. Él es Canelita, el capitán del Madrid y de La Colorá. Y aunque no tenga ni puta idea de gestionar nada de nada, aunque a veces tenga dificultades para engarzar tres oraciones subordinadas, él se cree en la obligación y en el derecho de decirle a Florentino lo que debe o no debe hacer. Él tiene tantos cohone que puede enfrentarse a cualquier entrenador sabiendo que va a ganar, porque él es Serhio Ramoh, er mehón sentrá der mundo. Pueden ustedes pasar al besamanos en El Corte Inglés de San Chinarro el próximo viernes de 17 a 19 horas. Deléitense. Disfruten y agradezcan.

Cualquier club de fútbol con un número determinado de futbolistas/profetas está muerto. El Madrid tiene toda la pinta de haber alcanzado ese umbral de decrepitud. No es uno, ni dos. Son varios y contagiándose. Marcelo, Ramos, Isco y puede que Asensio. Tampoco descarten otros ilustres. La falta de madurez y de apego a la realidad les ha impedido asimilar tantas copas de Europa seguidas. Las han ganado ellos, los futbolistas/profetas. Ellos solos.

El 0-3 contra el CSKA explica todo lo anterior con tan solo analizar la actitud de uno de estos modernos profetas, Marcelo, en un par de jugadas. El primer gol y el tercero (tampoco pierdan de vista el segundo). Marcelo juega de lateral izquierdo, porque algún nombre hay que darle a la posición teórica que ocupa. En realidad Marcelo juega de lo que a Marcelo le sale de los cojones y que, la mayoría de las veces, es contraproducente para el Real Madrid. Y juega sobrepasado y sobrepesado desde hace mucho tiempo, cometiendo los mismos errores y  arrastrando la misma falta de profesionalidad en el cuidado de la herramienta de trabajo, su cuerpo. Estuvo presente en las dos jugadas aludidas, pero muy bien podría haber estado mi suegra en su lugar con resultado idéntico. Incluso no descarto que mi suegra hubiera desmoralizado al rival con alguna perorata de las suyas. Si ustedes observan su posición, podrán colegir que tan solo era necesario un pequeño esfuerzo defensivo para entorpecer al rival. La situación no requería de un gran esfuerzo físico para un futbolista de élite. Se trataba, sencillamente, de estorbar para impedir un pase y un disparo. Estorbar, molestar, incordiar. Nada más. No lo hizo, como viene no haciéndolo desde hace demasiado tiempo, porque Marcelo está en los cielos, por encima del bien y del mal, por encima del club de D. Santiago y de D. Alfredo, por encima de la afición y por encima de sus compañeros. Marcelo no hace estas cosas porque Marcelo piensa que Marcelo no debe hacerlas, así caigan los goles como chuzos de punta.

Marcelo es un ejemplo, pero hay más. Todos conocemos sus nombres. Con independencia de ese 0-3, barrunto que ahora sí, ha llegado el momento de hacer limpieza. El Madrid no tiene ni tiempo ni paciencia para ponerse a reconducir a esta gente. Ni Marcelo se va a poner a dieta ni va a correr detrás de los rivales como si la vida le fuera en ellos, nunca lo ha hecho, ahora con menor motivo. Ramos no va a dejar de hacer el gilipollas criticando cuestiones que no son de su competencia, ni va a dejar de enfrentarse a un entrenador que no le baila el agua, ni va a dejar de salir, después de un mal partido, diciendo que les ha faltado intensidad, porque, en realidad, no lo piensa o le da igual. Isco no va a pedir perdón a la afición ni va a perder los kilos que le sobran. Y, barrunto, Asensio tampoco se va a hacer monje cartujano.

Necesitamos otra gente. Gente con ganas de ganar y dispuesta a sacrificar lo que sea para conseguirlo. Y, una vez observados, seleccionados y fichados, hacer todo lo posible para que no sean infectados por este virus de estupidez y cretinismo. O sea, básicamente, alejarlos del dizque periodismo deportivo. Si son extranjeros, mejor que mejor. Y miel sobre hojuelas si sus representantes también lo son. Por mí como si son mudos.

 

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