Historia de un arrepentimiento. Por @ErZuru2000

Estaba yo, como supongo la mayoría de todos ustedes, con la mosca detrás de la oreja tras el partido del domingo contra el Barcelona. Me pareció inconcebible que el Madrid diese tantas facilidades al peor Barcelona de los últimos años y con tanto en juego. Para mí, básicamente, hubo un culpable, Zinedine Zidane. Ni Messi, ni Ter Stegen, ni leches. Así pues, escribí un articulillo para los amigos de Objetivo Cibeles plasmando toda mi mala leche, cabreo Y argumentando los desvaríos de ZZ, antes y durante el partido. La alineación, la incapacidad para haber aprendido de los planteamientos de Juve, Málaga y hasta de la Real Sociedad, el sostenella y no enmendalla con Benzemá hasta el minuto 80 y alguna cosilla más. Ese era el contenido básico. Ese resumen es todo lo que obtendrán de mí al respecto.

Tal cual lo redacté se lo mandé a los amigos de Objetivo Cibeles. Veinticuatro horas más tarde de haber mandado el articulillo, ya me había arrepentido del 95% de lo que había escrito para Objetivo Cibeles. Me arrepentí y no porque pensase diferente de lo escrito, no.  En esencia sigo pensando lo mismo que escribí. Me arrepentí porque de repente me vi compartiendo mesa y mantel con fulanos a los que aborrezco y desprecio. Fulanos con los que no compartiría ni las raspas de un boquerón.    

Fruto de mi arrepentimiento, pedí, por favor, a los amigos de Objetivo Cibeles que no publicasen el artículo; que les mandaría otro, el presente, que ustedes están leyendo.

Esta es la pequeña historia de un arrepentimento.

Como alguno de ustedes, yo consumo cero información deportiva de sus fuentes directas. Tan solo me permito algunas licencias de vez en cuando. Esas licencias son un programa no estrictamente de deportes que se emite de tres a cuatro en esRadio y el programa de Juanma Rodríguez, de esa misma emisora, de once a doce y media de la noche (éste pocas veces, la verdad). El 99,9% de la información deportiva que recibo viene de las redes sociales y de los podcasts. Nunca de fuentes directas, ni así me aspen. No compro ningún periódico deportivo ni clickeo en sus webs, no escucho ningún programa deportivo standard y no veo ningún programa nocturno de esos de chillar y soltar perdigonazos. De los partidos no veo ninguna previa y cuando empieza el partido, procuro verlo en inglés, francés, alemán o arameo si se terciase. Y si no puede ser, le doy al mute. Antes veía las previas de RMTV, pero desde que empezaron a aparecer extraños animales de compañía, me desenganché. Les cuento esto para que se hagan una idea de la animadversión que me provoca el inframundo del cotorreo deportivo.

Sea pues. Con el articulillo recién mandado, empecé a arrepentirme de lo escrito escuchando el programa de esRadio de tres a cuatro de la tarde. Pusieron un extracto de la rueda de prensa de Zidane previa al partido contra el Deportivo. Naturalmente se centraron en las miserables preguntas de ese extraño ser, a mitad de camino entre un pequeño roedor  y una sopa sin sal, más conocido como Miguelito, tertuliano de RMTV (¡cómo no!) y trabajador de la Cope (quién te ha visto, quién te ve).

Preguntó, el pequeño roedor, si la titularidad de Bale podría provocar la inquina de sus compañeros. Era una pregunta hecha desde las alcantarillas. La pregunta, como cualquier persona con dos dedos de frente entenderá, no estaba hecha para obtener respuesta e información, estaba hecha para esparcir mierda, la especialidad de este pequeño roedor. Justo en ese momento, empecé a pensar que no había sido buena idea escribir lo escrito.

El programa continuó y el tono pípero de los participantes tampoco me levantó el ánimo. Entre ellos hay un ex, Isi, o sea, Isidoro Cualquier Tiempo Pasado Fue Mejor San José. Entre él y otro agonías, dizque madridistas y mano a mano, se encargan, habitualmente, de deprimir a la audiencia madridista, semi-madridista o seudo-madridista. El tono, a la funerala, era, más o menos, que la liga estaba perdida porque el Madrid iba a perder puntos por mor de su inconsistencia, pero el Barcelona los iba a ganar todos porque a ver dónde iba a perder puntos este Barcelona en los partidos que quedaban. El Barcelona, empatado a puntos con el Madrid y con un partido más, sí es consistente según esta peculiar banda del Mirlitón, por el contrario, el Madrid, no. No me pregunten las razones porque, al margen de la ingesta de pipas y la habitual inquina y bilis de aquellos ex que no tienen carguito en el club, las ignoro.

El ambiente lúgubre de esta reunión de pipas, contribuyó más a mí arrepentimiento por lo escrito sobre Zidane. Pensar que, además, un habitual de la misma, es el veleta y/o caradura Vicente Azpitarte (@azpitarte) casi me llevaron al remordimiento.

A lo largo de la tarde ojeando twitter, leí comentarios de todo tipo. Algunos de simples aficionados madridistas, como yo. A estos comentarios les di el mismo significado e intención que a lo escrito por mí, es decir, el de una crítica que era constructiva o trataba de serlo.  Al lado de estos comentarios, la mierda. De esta mierda tuitera y periogolfa  no tengo ninguna duda. Ni constructiva ni leches. El mismo tono, significado e intención que la pregunta del pequeño roedor: esparcir mierda.

Las críticas hacia Zidane se aderezaban con la consabida caza dirigida contra un jugador extranjero y galés de nacionalidad, que tuvo la desgracia de lesionarse en el partido de marras. Un habitual. Su objetivo preferido, vaya usted a saber los motivos o vaya usted a sospechar los motivos más oscuros que se puedan imaginar. A esas alturas de la tarde, la idea de mandar un mensaje privado a los amigos de Objetivo Cibeles proponiéndoles que no publicasen mi articulillo, ya me empezaba a rondar por la cabeza. Después me llegaron noticias de los rebuznos y esputos de bilis de Alfred Ouija y de Frijolito, sobre Zidane y Gareth Bale. Estaba casi decidido.

Entre diversas actividades se me fueron pasando las horas y me olvidé del tema. Ya de noche volví a entrar en twitter más que nada para ver los memes de Irene Montero intentando entrar por las bravas a una tertulia a la que, al parecer, no había sido invitada. Y me encontré con un video de esos de un programa de televisión en el que se vocea, se discute, se lanzan perdigonazos de saliva, se dicen muchas gilipolleces, se actúa y en el que suele intervenir lo mejor de cada casa…ya saben, El Pipi, Giñaki, Roncero Garbancero, el Recogepelotas, Kin Dumenec, Pacocari y otros seres parecidos y aún peores, como por ejemplo el caso de quien voy a comentar lo que se sigue, Jorge D’Alessandro.

El video en cuestión recogía las reacciones  del Kin y del Recogepelotas al momento en el que el Niño La Hormona marca el tercer gol. Y recoge un primer plano del mayor y mejor desciende equipos, que hayan visto nuestros ojos, insultando a Zidane. Un perfecto inútil al que no llaman ni para entrenar a un equipo de tercera división o regional preferente, insultando al entrenador del Real Madrid por recibir un gol en el último segundo. Estoy absolutamente convencido de que este inútil no insultó a Luis Enrique por recibir el gol del empate de Sergio Ramos en el partido del Nou Camp, también al final del partido. Y también estoy convencido de que no insultó a su paisano, el Cholo, o a su otro paisano, el Sampaoli, por sendos goles que ambos recibieron del mismo Sergio Ramos en, nada más y nada menos, una final de Champions y una final de Supercopa de Europa, también al final de sendos partidos y en parecidas circunstancias.

Todo el video en su conjunto, terminó por decidirme. Yo no podía formar parte de un pelotón de fusilamiento con esta gentuza por muy mal que lo hubiera hecho Zidane.     

Abundé en mi desgracia y me vi, para mi solaz, en el mismo bando y ejército que un tal Jordi Marti que escribió en twitter semejante joya: “El combate de Messi no es contra CR: es contra Florentino. Y le ha ganado 6 de las últimas 8 ligas al todopoderoso empresario del régimen”. Hasta aquí podía llegar la cosa.

Para rematar la faena, completé mi archivo de horrores con la audición de El Radio de Richard Dees. Escuché a Mediahostia Meana (Kermit, para los veteranos), al paleto Peperra o al baboso Bobby. Escuché a Papá Guasch haciendo lo que mejor sabe hacer, el gilipollas. Me asombré de lo que ahora opinaban de Isco seres tan extraños como IñakoNoSéQué o ese otro que nunca se lava y se peina menos o un tal Pereiro o la pava del Bein que suele hacer entrevistas a pie de campo. Desde que Isco les llamó bocazas y desde que, al parecer, se sabe que va a renovar por el Madrid, Isco Alarcón ha pasado a ser un apestado y despreciado por esta jauría de hienas. Escuché a los de la emisora de los Obispos pintando un panorama negrísimo, en el que Zidane estaba más fuera que dentro. A un tal Elías Israel y al Palomín Palomares, el mismo que acusó a Mourinho de atropellar viandantes y darse a la fuga, anticiparnos el despido de Zidane.

De lo oído a todos estos, no todos los comentarios eran dirigidos hacia Zidane o Bale, pero a mí eso ya me resultaba indiferente. Era la misma mierda con diferentes destinatarios o contenidos. Tal y como yo lo estaba viendo, me había alistado voluntariamente en el ejercito de Mordor, al lado de orcos, tragos y trolls. Compartiendo mesa y mantel con todo tipo de semovientes, paletos, sinvergüenzas, miserables, caraduras, ruines, zafios, babosos, triperos y veletas. Y no, claro que no. A la mañana siguiente, es decir, el miércoles, envié el mensaje privado a los amigos de Objetivo Cibeles. Lo que leen es el resultado.

Es parte de nuestra historia. A cada derrota del Madrid siempre se suceden las mismas reacciones. Es el día de la marmota y cada vez a peor. Si la derrota se produce contra el culeríonacionalismo, no hace falta que les cuente. Si, además, se da con un final a mitad de camino entre la heroicidad y lo estrambótico, entonces es la tercera guerra mundial. Por un lado están los que piden la demolición del club. En el otro extremo están los dueños del carro. Sí, esos que dicen que tienen un carro y que ¡ay de aquél que se baje!, ellos no les dejarán volver a subirse. Porque es suyo, claro. Yo no formo parte de ninguno de esos dos bandos.

Formo parte del bando de los que no queremos que se eche a nadie del club, ni que se refunde, ni que el presidente dimita, ni que se fichen veinte jugadores, ni que se demuela el estadio, ni que desaparezca el club. Tan solo andamos con el hocico retorcido y el ánimo mohíno porque hay veces que no nos gustan determinado tipo de cosas. Y las decimos o las escribimos. Si no somos contundentes, somos mojabragas del Ser Superior. Pero si somos ácidos, nos tiran del carro en marcha. Y ahí seguimos.

Con ánimo constructivo me apeteció escribir algo crítico sobre Zidane después del partido del domingo, porque creí (y sigo creyendo) que estuvo desastroso antes y durante el partido. Creo que la crítica es necesaria y debe ser suficiente. Sin crítica el Madrid no existiría. Pero, ¿dónde está el límite que separa la crítica constructiva del ensañamiento? No lo sé y a mis efectos, ya importa poco. En lo que yo escribí nunca quise el ensañamiento. Lo malo del asunto es que, sin querer y con toda la buena voluntad del mundo, estaba dando munición gratis a sujetos despreciables. Si esa es la disyuntiva, francamente, prefiero pasar por ser un mojabragas del Ser Superior antes que lanzar cualquier crítica, sea constructiva o no, sobre cualquier persona o colectivo del Madrid. Puede que me parezca mal la idea de aguantar incomprensiblemente a Benzemá hasta el minuto 80 de partido. Puede que eso sea malérrimo y, puestos a ser catastrofistas, hasta puede que esa decisión haya influido decisivamente en el título de liga, ahora bien, me resulta muchíiiisimo más insoportable compartir mesa y mantel con gentuza como el Manolo Lama…entre muchísimos otros. En esas condiciones, desde luego, mis críticas van a quedar reducidas casi al ámbito de la hora del vermuth en charlas de cuñaos y poco más.

Cuarenta y ocho más tarde de mi primer articulillo, es decir, el miércoles a la noche, el Madrid le metió seis goles al Deportivo, al mismo Deportivo que este año, en su campo, ganó al Barcelona y empató con el Atleti. Metió seis pero pudieron haber sido diez o más. Zidane alineó un equipo repleto de no habituales. La mayoría de ellos en un estado de forma excelente. Comparar el comportamiento, sobre el césped, de todos los jugadores que jugaron el miércoles con el comportamiento de algunos de los jugadores que jugaron el domingo, podría haberme hecho caer en la tentación de volver a querer colgar a Zidane por los pulgares. Pues va a ser que no. Visto lo visto, me quedo con la esperanza y la idea de que ZZ haya aprendido una lección. Le irá mejor a él, al equipo, al club y a la afición si hace lo que todos estamos pensando a la vista de lo que llevamos viendo los últimos meses. Y punto.

Acabando. Esta es la humilde historia de una marcha atrás. Carece de interés y no tiene ninguna importancia. Si dijera que de ella se debe sacar alguna enseñanza, engañaría. A los únicos a los que debería hacer meditar, llegado el caso, son los que menos están preparados para la meditación. La conclusión se puede resumir en una sencilla frase con destinario final: tal es vuestro nivel de bazofia e indigencia intelectual que muchos estamos dispuestos a tragar carros y carretas antes de daros la razón. Y una aclaración, también con destinario: las consecuencias de no daros la razón nunca, incluye no comprar vuestros periódicos, no escuchar vuestras radios, ni ver vuestros programas de TV.  

He dicho.

1 comment

  1. RMOpinion 2 Mayo, 2017 at 17:18 Responder

    Y si renunciamos a algo que, a nuestro juicio, hace bien al club como es la crítica constructiva. ¿No dejamos también que esta gentuza se salga con la suya?

    Es como los que hace poco criticaban a Isco por ser el favorito de la prensa. Al final eso es ser influenciado por ellos y facilitarles su objetivo. Perjudicar al Madrid. No hay que verlo como si se coincide con ellos, si no como que ellos son los que coinciden con nostros por H o por B, sabiendo que la opinión razonada de cualquier madridista tendrá siempre más valor que la interesada de cualquier tertuliano metemierdas. Mientras no se consuma, que es donde les jode, que digan lo que quieran, pero no nos dejemos influir por ellos.

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