La mejor historia de amor de todos los tiempos. Por @HalaDecima

Dicen que el amor es complicado, pues encontrar quien te entienda y comparta tu persona tiene posibilidades mínimas. Dicen también que el amor se puede forzar, pues al ser producto de un "click" instantáneo entre las dos partes, muchos creen que pueden sacar sus dotes de genios de laboratorio, e inventar la chispa con el paso del tiempo.

Soy de los románticos que se niegan a creer todo eso: Creo que el amor, el verdadero, es todo menos complicado o forzado. Creo que es o no es, que está o no está. Todo lo que sea salir de eso, para mi, es falso o incompleto. A final de cuentas, la mejor historia de amor que conozco así me lo ha enseñado..

Cuenta la leyenda que en el ya lejano 1955, durante una reunión con los mejores caballeros de 16 países europeos, una bella dama fue vista caminando por las calles de París. Era una completa hermosura, llena de brillo y curvas, con pequeñas orejas e imponente a la vista. Se convirtió en el objeto de deseo de todo el continente, esa por la que muchos anhelaban y otros tantos sólo suspiraban, por lo que decidieron que la única solución era pelear hasta la muerte por ella. Entre los caballeros de aquella reunión, destacaba uno, de tez blanca como la nieve y gen ganador como ninguno, que se veía especialmente cautivado por la susodicha, y que en ese momento, juró no descansar hasta hacerla suya.

Pasaron varios meses, pero en 1956, el noble caballero por fin logró acabar con todos los demás rivales y se hizo acreedor a tener una cita con esa que esperaba con ansias a su primera amor. Y, a la postre, terminó siendo el más grande. Fue amor a primera vista, a primer saludo, a primer roce. Los dos se veían con una sonrisa única en la boca, una ilusión envidiable en los ojos, y un nerviosismo como el que todos tuvimos al agarrar la mano de ese alguien importante por primera vez. Todo parecía perfecto, feliz, e interminable.

Pero empezaron los problemas: esta bella dama sólo podía ser vista una vez al año. Se decidió que la única solución era pelear de nuevo cada ciclo para ver quien era merecedor de esas horas de felicidad a su lado. El único caballero que ya sabía lo que es tenerla en sus brazos sabía que no podía permitirse verla cerca de ningún otro, por lo que volvió a luchar y a ganar su guerra para volver a salir con ella, ahora por las calles de Madrid.

Lo mismo pasó en las Guerras de Bruselas, Stuttgart y Glasgow, para llegar a 1960 como el único que había tenido el placer de conocerla, hablarle, abrazarla, y besarla. Todo lo que compartieron en esos cinco años los hizo quedar perdidamente enamorados el uno del otro, lo que hacía que cada separación fuera devastadoramente dolorosa, casi como cuando a un niño le quitas una paleta. Pero sus despedidas terminaban siempre con una promesa de regreso, y un juramento de amor eterno, que el caballero se empeñaba siempre en cumplir.

Tuvieron que pasar 6 años para su reencuentro. Era la primera vez que pasaban más de un año sin verse, tiempo en el que incluso conocieron a otros, pero nunca pudieron dejar de pensar el uno en el otro. Sabían perfectamente que su verdadera felicidad sólo podía ser compartida. Por eso, tras ganar la Guerra de Heysel de 1966, el caballero español sabía que tenía que aprovechar cada segundo con ella como si fuera el último de su vida, pues no sabía cuánto tiempo puede durar sin volverla a ver..

Tuvieron que pasar 32 años, y 17 nuevos caballeros conocieron a la dama en cuestión. Algunos la vieron más de una vez, y empezaban a entender el porqué el caballero blanco había quedado perdidamente enamorado. Incluso, en algún momento, parecía que un caballero milanés podía lograr enamorarla al mismo nivel. Al percatarse de esto, el caballero de Madrid sintió de nuevo la urgencia de volver a verla, de sentirla cerca, de poder susurrarle al oído, de vivir de algo más que de un recuerdo..

Así, tras la Batalla de Amsterdam de 1998, tuvieron por fin el derecho al reencuentro. El caballero blanco moría por volver a verla tal y como la recordaba, pero sabemos que el tiempo siempre hace de las suyas y cambia físicamente a todos los que viven en este mundo..

La bella dama salió a su encuentro, pero ya no era igual a su último recuerdo. Ahora, sus curvas se habían hecho mucho más grandes y pronunciadas. Su reflejo era como el de un espejo. Sus orejas también habían crecido, hasta un tamaño en el que sólo a ella se le podía ver bien. Ahora era majestuosa, imperial, colosal, y extraordinaria en todo lo físico. Pero por dentro era igual, su esencia se mantenía intacta. Ese primer beso tras el reencuentro aún es recordado como uno de los mejores momentos de su espectacular relación.

Se volvieron a ver dos veces más en los siguientes cuatro años, por lo que parecía que el décimo encuentro, ese que declararía este como un amor único e interminable, estaba más cerca que lejos. El caballero moría de ansiedad ante cada posibilidad que tenía de verla, llegando muchas veces a tener errores groseros en la guerra, que le quitaban la posibilidad de acceder a ella.

Tras 12 fallas, el caballero blanco por fin logró que la Diosa Cibeles pudiera volver a sentir lo que siente Damien Darhk cuando tiene a su ídolo como fuente de poder. Fue un día lleno de felicidad para ambos, y como todas las veces, se hicieron el juramento de volver a verse pronto.

Tras dos años de ese último encuentro, el caballero se coloca de nuevo en la antesala de la cita ideal, esa que se repetiría por Undécima vez. Curiosamente, Milán es el destino de tan histórica guerra: Esa que debe de demostrar al mundo lo que de verdad debería de pasar cuando dos se aman por encima de todo, esa que nos viene a enseñar que no hay una relación más perfecta que la del Madrid con su Copa de Europa, esa que ha llegado para convencernos de que el amor no es complicado, y mucho menos forzado.

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