Retirarse a tiempo. Por @jaldo1983

[Foto: postfutbolista]

Había un tiempo en el que el deporte español no tenía tantas figuras como tiene hoy en día. Nuestro orgullo deportivo patrio vivía de talentos esporádicos que cada cierto tiempo brotaban en éste o aquel deporte, o de victorias sueltas en momentos concretos que se conseguían en eventos o competiciones de repercusión mundial.

Ese tiempo del que hablo no es tan lejano, hace menos de 20 años el panorama deportivo español no era malo (Barcelona '92 ya había tenido lugar, con todo lo que dicho evento supuso para el deporte español) pero, quitando en waterpolo, no podíamos decir que fuéramos claramente los mejores del planeta en ningún deporte. En ciclismo, sin ser claramente los mejores, aunque sí de los mejores, sí podiamos decir sin miedo a equivocarnos que teníamos al mejor, al héroe, la leyenda, al que ganaba mucho, alguien que nos dio mucha gloria, una persona que era capaz de que en los meses de julio no pocos españoles dejaran de echarse su siesta para sentarse delante del televisor y verle pedalear como una máquina para adelantar a rivales en las contrarrelojes como quien roba un caramelo a un niño pequeño, o para ascender (y descender) a buen ritmo cumbres imposibles para la gran mayoría de los mortales. Esa persona era Miguel Indurain Larraya.

Pero todo en el deporte tiene su final, y para la mayoría de los españoles, e incluso quizás para el propio Miguelón, su final llegó casi sin ser esperado. Tras 5 Tours consecutivos, 2 Giros de Italia y muchos y muchos triunfos, en una tarde de 1996 todos los españoles aprendimos de repente el significado de la palabra "pájara". El mito, la leyenda, el que nos había dado tanta gloria, el superhombre, no era capaz de subir Les Arcs, sus piernas no iban. ¿Fue traumático? Sí ¿Sorprendente? Sí ¿Impactante? Sí ¿Se alargo la historia? No. El 19 de septiembre de ese mismo año muchos aficionados al ciclismo tenían puestas sus esperanzas en la etapa de La Vuelta a España que tenía su final en los míticos Lagos de Covadonga. Ese día Miguel podía resarcirse de lo ocurrido en el Tour, dar un golpe sobre la mesa, demostrar que era el mejor y dejar claro que su medalla de Oro en la contrarreloj de Atlanta no era el último canto del cisne. ¿Qué hizo? Cuando pasó por delante del hotel en el que se hospedaba su equipo, el Banesto, paró su bici, se retiró de la carrera y del deporte profesional. Sin traumas, sin polémica, sin agonías, haciendo frente a la dura y cruda realidad: había sido el mejor, pero ya era uno más del montón y es mejor retirarse a tiempo y con dignidad que una retirada que haga sufrir a la afición, al propio deportista y a su entorno.

Ejemplos similares al de Miguel Indurain en el deporte ha habido muchos, algunos de ellos en el fútbol en el que, si bien los jugadores quizás no se retiran, si se van a un club o liga menor. Sin ir muy lejos y en lo que al Real Madrid respecta, se podría hablar de Zinedine Zidane o Van Nistelrooy. Ejemplos de lo contrario, de jugadores que tensan la cuerda en exceso y alargan su estancia en un club o liga de alto nivel tanto que acaban manchando su propia carrera, por desgracia hay muchos mas, sin ir muy lejos, y en lo que al Real Madrid respecta, se podría hablar de Hierro, Raúl, Michel Salgado, Roberto Carlos o... sí, de ese que estará pensando todo aquel que esté leyendo estás líneas.

En esta vida hay que ser inteligente, consecuente y realista. No serlo puede perjudicar seriamente a usted y a los que le rodean.

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