Un Madrid sin loserismo (Parte IV). Por @HalaDecima

Una Liga de las últimas seis disputadas. Una Champions de las últimas doce posibles. Dos Copas del Rey de las últimas 21 ediciones. Una SuperCopa de España de las pasadas seis, y jugando en tres de ellas. Una SuperCopa de Europa ganada, con esa única participación en las últimas 12. Un Mundial de Clubes de los últimos doce que se jugaron en total, pero participando en sólo una (antes llamada Copa Intercontinental).

Esos son los números de nuestro equipo, trofeo por trofeo, en los últimos años. Números realmente espectaculares si el club en cuestión fuese cualquiera, números muy pobres considerando que estamos hablando del Real Madrid. Estamos hablando de siete (sí, ¡SIETE!) trofeos de los últimos 44 disputados (no cronológicos, si no la suma de los citados allá arriba), para un 15.9% de efectividad. Todo se vuelve aún más oscuro si consideramos que cuatro de esos siete trofeos fueron ganados en 2014, para lo que quedarían 3 trofeos de los otros 40 disputados (7.5%).

Hay tantos y tantos factores que influyen directamente en estos porcentajes, que es imposible describirlos todos en una sola entrada. Por esto, he decidido dedicarme a una serie de artículos describiendo lo que, en mi opinión, hace que nos estanquemos de tan fea manera en nuestro camino por ganar absolutamente todo.

Hoy me dedicaré a hablar de ese chip pesimista que parece que se viene inculcado en los años recientes en jugadores y aficionados Madridistas.

Si muchos de nosotros tuviéramos la oportunidad de definir la palabra "Madridismo", estoy seguro de que lo haríamos sin conceptos extraños, como esos que ciertos disfrazados usan cada vez que se les pregunta esto. También tengo la absoluta certeza de que nuestra definición sería muy parecida a esa mágica frase de "Madridismo es siempre creer", de Álvaro Arbeloa.

Es una definición que va más allá de lo futbolístico, pues ataca en lo cotidiano y aplica en lo mundano. Vive en lo intrapersonal, pero se refleja en lo interpersonal. Carece en lo superficial, pero sobra en lo ideal. Estas cinco letras, que a la vista parecen simples, son la llave para el baúl de todo gran éxito. Y muchos que se dicen seguidores de este club, deciden darle la espalda, e incluso menospreciarla.

Y es que perdernos en el camino del loseriano es fácil. Sentirnos y demostrar que somos una víctima es la excusa perfecta. Minimizar toda posibilidad de ganar, intentando quitar presión o para irse mentalizando, es la salida de un aficionado normal al fútbol. Si se logra el éxito: "pues venga, a festejar!" Pero si no: "es que anda, era evidente que no podríamos lograrlo en estas condiciones.."

Pero es que parece que no entendemos: NOSOTROS NO SOMOS UNA AFICIÓN NORMAL. Estamos destinados al éxito sin remedio alguno, y a la grandeza como método para prevenir enfermedades. Defender este escudo, jugar con su imagen en el pecho o gritar hasta que se te escuche desgarrarte la garganta, es el mayor honor que puede tener una persona amante de este deporte.

Muchas veces no entendemos que, para hacernos menos nosotros mismos, primero tuvimos que haber sido más que cualquier rival. Y hemos hecho ambas prácticamente toda la vida. ¿Porqué diablos no aprendemos? Somos tan exigentes con nosotros mismos y con nuestros vikingos, que preferimos escudarnos en 3 lesiones en vez del privilegio de anunciar a nuestros XI profetas. Sentimos ganas de masoquismo, al ver los 7 últimos encuentros contra los indios en el espejo, en vez de exaltarnos ante la enorme posibilidad de estar estallando en júbilo en menos de 48 horas. Tomamos como camino a seguir el famoso "con un gran esfuerzo me basta", en vez de exigir ese maldito, pero bendito pase a semifinales.

Me es difícil entender (y por lo mismo intentar explicar) de donde nace tanto pesimismo en esta afición. Que si, que estuvimos expuestos a un tiempo sin títulos. Pero si Super Man pierde sus poderes por dos días, y luego los recupera, tiene la obligación de usarlos tal cual lo venía haciendo durante toda su existencia, sin espacio ni tiempo para dudar de sí mismo. Es exactamente el mismo caso con nosotros. El ya lejano Madrid, que confiaba sin remedio en Drenthe, Gago, Emerson, los Diarra, Robinho, Faubert o Higuaín está a años luz de nosotros, y es como si nos esforzáramos en seguirlo palpando.

Hace cerca de un año, estábamos ganando una Copa del Rey sin Cristiano Ronaldo. Cerca de esas fechas, lográbamos también levantar la Décima Copa de Europa sin Xabi Alonso., ambos jugadores clave en el planteamiento de Carlo. Lo increíble es que no aprendemos que hay once tíos que salen con el cuchillo entre los dientes cada vez que de matar o vivir se trata, y que más allá de su nombre personal, todos se llaman Real Madrid.

Claro, las lesiones de Modric, Bale y Benzema (como si hiciera falta alguna más) son una patada en la entrepierna de todo aquel que sufra por esta camiseta tanto como la goza. Es difícil ver una extraordinaria versión de éste Real Madrid sin ellos. Pero aquí, teniendo al Bernabéu como escenario, y a Don Santiago y Don Alfredo como testigos, nada roza lo imposible. Mucho menos con éste equipo, éste estadio, ésta Copa, ésta historia, y (en sus mejores días) ésta afición.

Basta con hacer un pequeño ejercicio de reflexión como para entender la incoherencia que cometemos al dudar de todo lo que engloba ser del Real Madrid: Cuándo alguien te pregunta de qué equipo eres, dudas en contestar que eres del Madrid? Y la más importante, lo presumes? Presumes sus múltiples Ligas, Copas, SuperCopas, Mundialitos, trofeos individuales, o estrellas? Sobre todo, cuánto tiempo tardas en presumir sus 10 Copas de Europa?

Yo no veo razones para dudar de algo que presumimos tanto..

Difícil, realmente difícil, es tratar de entender el por qué nosotros nos negamos a erradicar éste cáncer del club, que parece traer muchos más problemas que soluciones. No encontrarán muchas instituciones que sean realmente grandes a nivel Mundial, que pasen sus días previos a recibir un 0-0 en cuartos de final de Champions League, ante un rival odiado, dándose por vencido sin haber escuchado siquiera el silbatazo inicial.

Antes creía que tener una plantilla mermada y con ausencias es lo último que desea cualquier entrenador, pero ahora me doy cuenta debe de ser más preocupante aún sentir que tus propios aficionados intentan meter a los jugadores en una atmósfera de pesimismo y, sin embargo, ha sido una de las constantes en este año y medio (poco más) de Carlo Ancelotti al frente del club. Y, ojo, no le estoy defendiendo, porque también creo que si alguien podría hacer un llamado para unir a todo Madridista antes de la guerra, es Carlo. Sólo digo que detrás de él hay muchos factores de loserismo en gran escala rodeando a nuestro escudo, de los que no tiene la más mínima culpa, y que encima hoy le toca padecer.

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