Frankenstein. Con licencia para enmierdar (X). Por @Eggthegg

¡Despiadado creador! Me has dado sentimientos y pasiones, pero me has abandonado al desprecio y al asco de la humanidad  Frankenstein (1818) de Mary Shelley.

Un monstruo. Un ser sobrenatural. Ese debe ser el candidato a ocupar el banquillo del Real Madrid, luego de analizar el tratamiento dispensado por la prensa a cada uno de los entrenadores del equipo blanco, especialmente en los últimos tiempos. En el uso de su proverbial licencia para enmierdar, los periodistas han tratado de demostrar que nadie sirve para ocupar un puesto tan exigente.

Del Bosque se llevaba bien con la prensa, pero los periodistas decían que no tenía idea de fútbol y que ganaba de potra. Eso sí ahora que es seleccionador nacional es un genio y el mejor entrenador de la historia del fútbol mundial.

Según los periodistas, Florentino Perez contrató a Carlos Queiroz porque tenía buena pinta es decir que vestía y olía bien, era educado y estupideces varias de semejante calibre. Pellegrini el ingeniero era entrenador de equipo pequeño, por lo tanto no servía para La Casa Blanca.

Qué decir del desalmado José Mourinho. La operación caza y captura más depravada nunca orquestada contra un personaje público y su familia la sufrió el luso. Criticado por su mano dura y por ser amarrategui, al igual que Capello y hoy día Benítez, nunca fue perdonado por poner en su lugar a la prensa como una molesta e insidiosa plaga.

De Ancelotti, por el contrario, criticaban su mano blanda. Los jugadores hacían lo que les daba la gana, entrenaban como decrépitos seres al borde de la tumba y todo era un cachondeo.

Entonces lo que hay que hacer es crear un Frankenstein. Un individuo que tenga a la vez la mano blanda de Ancelotti y la mano dura de Mourinho. La flor en el pandero de Del Bosque y el fútbol ofensivo de Guardiola. Los conocimientos y el concienzudo estudio táctico de Benítez y el exquisito y educado trato con los medios de Pellegrini.

Y como un ser así no existe, pues tendremos que fabricarlo al igual que hizo el famoso doctor de ficción de la no menos famosa novela de la británica Mary Shelley.

Pero no nos engañemos. Ese ser fantástico, que sólo somos capaces de imaginar, tampoco le serviría a la fauna que puebla las redacciones deportivas de este país.  Rápidamente le buscarían alguna traba o algún asunto extra deportivo para poder atizarle a gusto. Y basta que alguna de estas lumbreras que escriben en AS y Marca o hablan en COPE, SER, Onda Cero, El Chiringuito, etc. se les ocurra cualquier necedad, para que el resto de los colegas van como moscas a la miel(da)para hacer de un evento nimio y sin importancia, el tema central de conversación de innumerables tertulias. Horas y horas de ondas hertzianas desperdiciadas y un montón de árboles sacrificados para publicar este bodrio.

Este es nuestro sino. Este es el precio que hemos de pagar por tener una prensa indigente mental y ser aficionados del club deportivo más grande del mundo. ¡Que tristeza!

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