La liga imposible. Por @Joseansan69

Apenas acababa de alzar el Real Madrid su undécima copa de Europa, quinta en formato Champions, comenzamos a apreciar sonoras correcciones del valor. Por emplear un símil bursátil, las acciones de la presente liga se dispararon hasta el infinito impulsadas por la burbuja antimadridista. Los recientes éxitos continentales de los merengues, dos en las tres últimas ediciones, aunque solamente una de ellas ―adivinen cuál― estuvo bendecida por sorteos limpios, cruces justos y arbitrajes neutrales, han servido para desatar la quintaesencia de la competición nacional. Y como no es posible reprochar allí nada a los del Bernabéu ―más bien todo lo contrario―, hagámoslo aquí: una liga de ocho.

Por lo que se dice, pareciera que este año hemos sido ampliamente superados por el equipo del País Pequeñito. Sin embargo, si uno mira la clasificación final de la liga, nos damos cuenta de que la diferencia ha sido de un solo punto real, más otro que añadiría el perdido golaveraje particular si hubiéramos empatado. Yo, como asiduo espectador de los partidos del Real Madrid, y ocasional de los de nuestros competidores ―léase el Barcelona y el Atlético de Madrid―, hace temporadas vengo observando una consideración arbitral muy diferente entre unos y otros. No obstante, resulta fácil y gratuito hablar de “impresiones” personales. Se necesitan hechos. Hechos que encajen con un modus operandi concreto y coherente con las circunstancias del fútbol español.

Arbitrar es dificilísimo. Y no solamente eso, sino que los colegiados y sus auxiliares se ven continuamente impelidos a tomar decisiones sobre un cierto número de jugadas ―variables en número y trascendencia dentro de cada partido― sobre las que se desata la presión ambiental y mediática. La colocación, el ángulo de visión, incluso la escenificación por parte de los propios jugadores, son factores que coadyuvan para resolver los lances en uno u otro sentido. El error es territorio común, y más o menos inevitable (aunque haya medios tecnológicos que bien podrían asistir a los jueces perturbando mínimamente el desarrollo del juego).

A pesar de lo señalado, si eliminamos cualquier tipo de intencionalidad o parcialidad subyacente ―arduo ejercicio para un colectivo gobernado por la Federación y por ella sometido a promoción designación―, a la larga, los errores de criterio-observación serán puramente aleatorios. Esto debiera tener una correspondencia numérica: sean cuales sean los equipos implicados, se observará una convergencia estadística en las diversas ratios tipo de jugada-porcentaje de sanción. El problema es definir qué tipo de acciones quedan a criterio-observación de los árbitros, esto es cómo resuelven las situaciones dudosas, lo cual equivaldría a introducirnos en la mente de los colegiados, cosa, obviamente, imposible. Sí hay, no obstante, un tipo de jugada en la que los trencillas demuestran constantemente su criterio más allá de puntuales errores de observación. Se trata de las tarjetas amarillas (las rojas directas, por tratarse de jugadas excepcionales las dejaremos de lado en nuestra investigación). Vamos a analizar estos números.

Si tomamos como referencia los datos de las últimas 6 temporadas de la Liga BBVA ―muestra que juzgo más que indicativa―, se señalaron 63.083 faltas y se enseñaron 12.722 amarillas. Esto supone un porcentaje medio de 20,16 tarjetas por cada 100 infracciones (siempre hablamos, recuerdo, de tarjetas amarillas). La media por temporada para todos los equipos, consecutivamente desde la 2010/11 a la 2015/16, arroja: 20,19 %; 20,92 %; 20,86 %; 19,20 %; 19,93 % y 19,84 %; siendo de 76 puntos básicos (pb) ―1 pb es 1/100 de 1 %, o sea, de 0,76 por 100― la máxima elevación de la media (en la 2011/12) y de 96 pb el mínimo (2013/14), obtenemos un rango de variación de 172 pb, o ± 0,86 % desde promedio. [Se da la curiosa circunstancia de que cuando los árbitros fueron más rigurosos con las amonestaciones la liga la ganó el Real Madrid, y cuando lo fueron menos lo hizo el Atlético de Madrid].

Recurriendo a la Ley de los Grandes Números, y según nuestra forzada suposición de neutralidad, la mayoría de los equipos deberían situarse previsiblemente alrededor del intervalo 20,16  ± 0,86 %, esto es entre el 19,3 y el 21,02 % en la ratio porcentual tarjetas/faltas. Sin embargo, si estudiamos las cifras de los competidores de la última liga, a excepción de Las Palmas y del Éibar que no cuentan con presencia significativa en Primera División, vemos un sesgo positivo. La razón es que los equipos que cometen, o a los que les señalan, una mayor cantidad de faltas, también tienen mayores posibilidades de ver aún más amonestaciones. Así, la media se desvía al 20,24 %, con el máximo marcado por el Getafe, para el que el 22,27 % de las faltas son amarilla. En el lado contrario está el Barcelona, que solo ve la tarjeta en el 17,93 % de los casos. El rango entre ambos extremos es de 434 pb, si lo dividimos entre 5 ―qué menos―, obtenemos intervalos de 86 pb, que coinciden con la desviación promedio entre las seis temporadas registradas para todos los equipos.

En el intervalo central (19,81 a 20,67 %), cuya marca de clase es la media, encontramos al Celta (CEL), al Málaga (MAL), al Valencia (VAL), al Sporting de Gijón (SPO) y al Sevilla (SEV), resultando el más poblado (5 equipos sobre los 18); todos superan las 500 faltas por temporada, destacando el VAL con 565 y el SEV con 544. Hacia arriba (hasta 21,53 %), están el Español (ESP), el Deportivo de la Coruña (DEP) y el Rayo Vallecano; el ESP es el único que supera las 600 faltas. En la clase de mayor porcentaje (hasta 22,39 %), se sitúan el Betis (BET), el Granada (GRA), el Levante (LEV) y el Getafe (GET); aunque ninguno destaque por un especialmente elevado número de infracciones (520, 531, 549 y 538 faltas/temporada, respectivamente).

Por debajo de la clase media ―se le muestran menos amarillas―, tenemos al Athletic de Bilbao (ATH), único club entre el 19,81 y el 18,95 %, habiendo que apuntarle unas 527 faltas cada sesión. Al perfil aparentemente más favorecido (del 18,93 al 18,09 %), pertenecen cuatro clubes: el Atlético de Madrid (ATM), con 18,93 % en la ratio tarjetas/faltas; el Real Madrid (RMA), en un muy similar 18,86 %; la Real Sociedad (RSO), que sale a un 18,51 %; y el Villarreal (VILL) con el 18,35 %. Se da la circunstancia de que el RMA es el que menos faltas comete del grupo, y el segundo de entre todos los equipos, tanto en la media por temporada (453) como en los números absolutos durante las 6 analizadas (2.719). El tercero es la RSO (471 y 2.824, respectivamente). El Villareal ―con 514 de media, los totales no son indicativos al haber estado un año en segunda― está más en la línea del ATH y del CEL. Aun así, el RMA ve más amarillas que los anteriores. Pero por encima de esto, llama poderosísimamente la atención el porcentaje de amonestaciones del ATM, que es prácticamente el mismo que el del RMA, cuando los rojiblancos cometen una media de 562 faltas cada temporada, 3.369 en total durante estas sesiones.

Según el criterio empleado ―explicado lo he, juzguen ustedes si está o no “cocinado”―, el FC Barcelona (FCB) está más allá del límite inferior de la última clase: habría que añadir un intervalo ad hoc que contuviera al exclusivo equipo al que solamente se le señalan una media de 391 faltas por temporada ―y son seis consecutivas―, de las cuales únicamente el 17,93 por ciento están acompañadas de la tarjeta amarilla: ¡récord absoluto! Sin duda nos hallaríamos ante un inaudito prodigio de deportividad, si no fuera por una batería de circunstancias que elevan la fundada sospecha sobre tan extremos números a la refulgente evidencia de que aquí pasa algo raro.

Cruzando los datos precedentes ―recordamos que un tipo de jugadas prácticamente permeables al criterio arbitral― con otros muchos, salta a la vista que, en caso de duda, los colegiados de la RFEF se decantan por decidir, con excepcional profusión, no colocarse en el trance de perjudicar al Barcelona, lo que la mayoría de las veces es lo mismo que favorecer holgadamente a los azulgrana. Para el Real Madrid ―tal como evidencia el criterio en las tarjetas amarillas recibidas respecto a las faltas señaladas― sucede todo lo contrario: los trencillas se muestran temerosos de errar a favor del pérfido club de Concha Espina dirigido por el “siniestro” Florentino Pérez, lo que se transforma en una nada comedida tendencia a perjudicarnos en toda jugada que perciban dudosa. Respecto al control federativo, los hechos son contundentes: la última, y casi única vez que el jefe del Colegio Nacional salió a reprender a uno de los suyos por equivocarse, fue porque lo hizo a favor del Real Madrid.

Todo esto no se trata de una insidia parcial fundada en los colores. Tal extremo carecería del soporte de la concienzuda confesión de parte de los directivos de Laporta. Los Godall y Perrín lo dejaron claro, cristalino diría yo, refiriendo cuestiones como el “saldo arbitral”: “hablamos de diferencia entre “lances favorables” y “desfavorables” y en comparación con los rivales” (sic). Y es aquí donde hay que encajar ―supongo― además de lo de las amarillas, y también las rojas si las hubiéramos visto, los 19 penaltis y los 9 goles ilegales, entre demás apoyos, que han servido al glorioso triunfo culé en esta liga por un pírrico punto. Porque si en otras campañas el saldo arbitral ―siempre tan doloso para nosotros como esencial componente de la revenida gloria azulgrana― es en verdad difícil de calibrar, este año no puede saltar más a la vista.

NOTA: datos procedentes de ABC digital, que todo el mundo puede consultar: >>http://www.abc.es/deportes/futbol/liga-primera/2010-2011/estadisticas-equipo/equipo-faltas-cometidas.html<<

La media de faltas por temporada se ha redondeado para evitar el sinsentido de los decimales, añadiendo una cuando éstos son más de 5/10.

Hay muchas más estadísticas reveladoras en la cuenta de @MaketoLari, compañero a quien debo la inspiración para este artículo, y en otros espacios y colaboradores de esta web. Visítenlos.  

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.