Murria. Por @Eggthegg

2. f. coloq. Especie de tristeza y cargazón de cabeza que hace andar cabizbajo y melancólico a quien la padece https://dle.rae.es/murrio

Para que se entienda mi estado de ánimo en estos tiempos, voy a poner en contexto este artículo. Empecé a escribirlo el martes 24 de noviembre. El Madrid venía de un partido regular, tirando a malo, que se saldó con un empate frente al Villarreal. Esperando el previsible batacazo frente al Inter, lo dejé aparcado en espera de confirmar malas sensaciones. Sin embargo, frente a los italianos se hace un partido notable y me digo que a lo mejor esta entrada no tiene tanto sentido. Pero…

… llegó el Alavés… Y el Shakhtar… y volvió la murria

Es esa sensación en algunos partidos de qué si en vez de durar 90 minutos durasen 90 días, igualmente seríamos incapaces de meter un gol. Es la sucesión de centros a la olla, generalmente sin rematador, en la que acaban el 99.99% de nuestros ataques. Es la cara de circunstancias de Zidane en cada rueda de prensa. Son las gradas vacías, el coitus interruptus de las fechas FIFA, todo ello sazonado por la impresión de película ya vista, y encima mala.

Hasta anteayer, si el Madrid se ponía por debajo en el marcador, sabíamos que sonaba la diana, se desataban los infiernos y una horda de bárbaros vestidos de blanco iba a poner cerco a la portería contraria hasta destrozarla. En muchas ocasiones no lograba vencer, pero en otras el rival desfallecía ya por el vigor o calidad de su enemigo, su propia extenuación o simplemente por el estrés de no saber por donde te vendría la siguiente andanada

Hoy cuando el rival se nos adelanta, sólo queda la murria de saber que, a lo mejor por orgullo, vamos a desplazar el rondo un poco mas cerca del área rival, con la casi certeza de que lo haremos tan desordenadamente, que nos van a coger en una contra con los pantalones abajo para duplicar la desventaja inicial…

Para mi tristeza hay un jugador que es el vivo retrato de lo que es la murria. Hasta hace nada, Vinicius Júnior era la vacuna para este mal. Su participación era como un electroshock para un equipo infartado. Falla más que una escopeta de feria, pero sabíamos que siempre iría a buscar el área rival a velocidad de vértigo y los defensas que saldrían a taparle serían para él como pequeñas piedrecillas en el asfalto, algo que no llegaría a ser digno de llamarse obstáculo. Hoy es el paradigma de la timidez, le quema la pelota en los pies, cada vez encara menos y no se va de nadie cuando lo hace. Su cara y su juego son pura murria.

Eso sí, como casi todo, la murria tiene cura. El paciente a veces hace amagos de recuperación como ante el Barça, el Inter o el Moenchengladbach. El Dr. Zizou, especialista en recomponer  morales aplastadas tiene la ardua labor de extirpar esa sombra, rescatar a esas hordas de salvajes vestidos de blanco (o de rosa, da igual), pero, sobre todo, de recuperar el corazón apagado de la chispa de este equipo que es Vini. Si lo logra, habremos recuperado un activo del club, en época de penurias económicas además de vencido a la murria y que de ella sólo quede un vago recuerdo